
Luis Russo decidió ponerle letra y música a lo que significa ser papá de Candelaria (8), su segunda hija, después de Benjamín. El tema “Mi princesa azul” refleja quizás, las experiencias de muchas familias que conviven con un integrante con autismo y que aprenden día a día que el amor bien en distintas formas.
Como músico y compositor, “Lucho” quiso compartir las lecciones que día a día le marca su pequeña. Entiende que ella “vive en un mundo distinto al nuestro porque lo percibe de una forma distinta, pero a la vez, tiene tanto para regalar a nuestro mundo”.
En diálogo con Info del Estero señaló que hoy es consciente de las necesidades “especiales” de “Cande”, así como de “sus formas especiales de expresar cariño”. “Yo lo digo en la canción, que es como el amor más puro que puedes encontrar. Tiene todas sus aristas: hay momentos que son difíciles, otros en que uno tiene que entender cuál es la forma en que ellos expresan tanto su cariño, como su enojo. Tienen una forma de ser muy particular, una forma de expresarse distinta”, comentó.
Y, si bien, sabe que “cada niño autista es muy distinto”, considera que es posible aprender a descifrar sus gestos. También entender que, a veces su cariño puede parecer “torpe”, “pero que porque lo viven con mucha intensidad”.
Detección temprana
No sin algunas resistencias, el diagnóstico de Candelaria llegó muy temprano. Tenía solo nueve meses cuando aparecieron los primeros signos del autismo y Cecilia, su mamá –hoy ex pareja de Luis- pensó que era necesario consultar con especialistas.
“Nos damos cuenta que en ella pasaba algo porque hasta los siete meses, venía con un desarrollo absolutamente normal. Es más, tenía altísima interacción y parecía que a los cinco o seis meses iba a hablar. Pero entre los siete y los nueve meses, en ese lapso se vino a pique: era otra nena”, recordó.
Como los rasgos principales, explicó que la veían “absolutamente distinta, totalmente callada, con la mirada fija, perdida. Le hablabas y le hablabas y no te seguía (…) Empezaba a tener toda una serie de conductas muy distintas”.
Luego de interconsultas, los médicos les anticiparon que la beba tenía signos del trastorno del espectro autista, aunque no podrían darles un diagnostico preciso hasta que cumpliera los dos años. No obstante, estaban en condiciones de iniciar con las terapias de estimulación correspondientes.
“Muchas veces lo que más cuesta, y en esto, por ahí la mamá ha sido más despierta que yo, porque lo que más cuesta es vencer la negación”, sostuvo. Así, debían acostumbrarse a que los tiempos de su hija no iban a ser los mismos que los de otros niños.
“Si bien uno sabe qué esperar en cierto momento de maduración del niño y por ahí pasa un tiempo y vos ves que no pasa nada y espera, y de repente pega un salto y piensas: ‘mira todo lo que he empezado a hacer ahora’. Son sus propios tiempos. Las terapias lo que hacen es cimentar eso, darle un buen cimiento, un buen sustento para que ese proceso de maduración se pueda dar de la mejor forma”, consideró Luis.
Cantar para contar
Aunque hace 20 años que “Lucho” se dedica a la música, recién hace dos pudo dar a conocer con firmeza su arte. Se define como una persona muy tímida a la que le costaba mucho exponerse en un escenario.
No obstante, no dejó componer canciones. “Mi princesa azul” forma parte de un repertorio de más de 70 canciones que comenzó a difundir recién hace dos años. “Cuando era chico me he presentado en un Pres Salamanca y he ganado, pero ha sido la única vez”, recordó sobre su fugaz paso el festival.

Tuvo la posibilidad de capacitarse en escritura musical y desde entonces se animó a mostrar algo de su arte. Grabó 17 temas propios, disponibles en Spotify y en redes. En YouTube se puede encontrar la canción que lanzó el 2 de abril del año pasado en el Día Mundial del Autismo.
“Hice un videíto casero en realidad, no está grabado en el estudio, sino en casa con una cámara. Yo aparezco yo cantando, y se empiezan a colar fotos de Cande conmigo, con el hermanito, con la mamá”, detalló.