Un viaje de ayuda y amor: Gota de Esperanza en Árbol Blanco y Sachayoj

Desde Buenos Aires hasta el corazón santiagueño. Desde el compromiso hasta el abrazo. La Fundación Gota de Esperanza, fiel a su misión de tender una mano a quienes más lo necesitan, emprendió este fin de semana un viaje cargado de solidaridad, amor y encuentro comunitario que dejó huellas imborrables en Árbol Blanco Sur, Árbol Blanco Norte y Sachayoj.

El viernes por la mañana, dos camionetas partieron desde Buenos Aires rumbo al norte argentino, cargadas de donaciones y, sobre todo, de ilusión. Ocho integrantes de la Fundación hicieron noche en Quimilí antes de continuar con su recorrido solidario.

Sábado de sonrisas en Árbol Blanco Sur

El sábado al mediodía, el equipo llegó a Arbol Blanco Sur, donde montaron una feria de ropa y organizaron un bingo familiar, una kermés gratuita para los más pequeños y momentos de música y alegría compartida. Las familias participaron, jugaron y se reencontraron en una jornada que combinó ayuda material, contención emocional y espíritu comunitario.

Domingo de comunidad y arte en Sachayoj

Este domingo, la caravana solidaria se trasladó unos 50 kilómetros junto al maestro de la comunidad y a las “Madres Esperanza”, mujeres de Árbol Blanco Sur, Norte y Sachayoj que trabajan codo a codo con la Fundación y son un pilar fundamental en cada acción.

La actividad continuó con otra feria de ropa, bingo, una nueva kermés gratuita y un emocionante cierre artístico en la Finca Flor de Liz, en Sachayoj. Allí, el público disfrutó de las presentaciones de las escuelas de danza Sol de mi Tierra y Raíces de Sachayoj, y de la cálida voz de la cantante Ángela Coria, quien le puso música y emoción a la noche.

Solidaridad que vuelve a casa transformada

Este lunes por la mañana, si todo marcha según lo previsto, el equipo emprenderá el regreso a Buenos Aires. Pero no volverán con las manos vacías: regresarán con historias, abrazos y la certeza de que cada viaje multiplica la esperanza.

Todo lo recaudado será administrado por el maestro y la cooperadora escolar, quienes decidirán si se destina a la compra de alimentos para los alumnos o a realizar mejoras en la comunidad. Un gesto que reafirma la transparencia y el espíritu de la Fundación: ayudar donde hace falta, escuchando a quienes viven y trabajan día a día en esas tierras.

La Fundación Gota de Esperanza volvió a demostrar que la solidaridad no es un acto aislado, sino un camino que se recorre en comunidad. Y ese camino, una vez más, se llenó de luz, compromiso y esperanza en el norte santiagueño.

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