Adopción y discapacidad: “No me imaginaba la fuerza que tenía para afrontar diferentes situaciones”

Por Fátima Morales

Una convocatoria pública para adoptar a dos hermanos le dio la certeza a Daniela Carabajal y a su pareja, Rafael Rodríguez, de que agrandarían la familia. “No me preguntes por qué, pero desde el primer momento sabía que iban a ser mis hijos”, dice la  mamá de 39 años, a la que este año, la justicia le concedió la guarda preadoptiva de dos niños.

Registrados como postulantes, desde el Registro Único de Adopciones (RUA de aquí en más) los invitaron a una reunión para ponerlos al tanto de la situación de estos hermanitos que tenían 11 y 8 años. Lo que desconocían es que el mayor tenía un retraso madurativo.

Sin embargo, donde otros potenciales mamás y papás habrían dado marcha atrás, su decisión de conformar una familia con esos pequeños, se tornó más firme. Y ahí comenzó una historia digna de contar este 3 de diciembre, Día Internacional de la Discapacidad.

“Dani” y “Rafa” superaron todas las instancias legales que debían hasta que por fin pudieron presentarse ante los chicos. Su vínculo comenzó a fluir naturalmente, según recuerda la mamá y sin problemas.

A medida que pasaban tiempo juntos, lograban saber más de sus gustos, disgustos, su forma de ser, y por supuesto, las crisis que aquejaban cada tanto a Cristian. Pero eso tampoco los asustó, sino que potenció su sentido de protección y los puso frente a una fortaleza que desconocían.

A Daniela, su experiencia le dice que todo está en el afecto que uno esté dispuesto a dar. “Más allá de la edad, de la discapacidad, si vos no tienes amor, si no estás dispuesto a poner lo mejor de vos, o en realidad no quieres ser mamá o papá, no vas a poder con nada”, resumió.

Camino a una gran familia

Iniciar el trámite para la adopción tiene tiempos que a veces no son precisos y dependen de muchos factores. En el caso de Daniela y Rafael comenzó en mayo de 2024 y para marzo de este año ya tenían la guarda preadoptiva. Ahora esperan el juicio por la adopción plena.

Todo comenzó el primero mayo de 2024. “Sale la convocatoria pública en todos los medios, en las redes sociales y demás. Nosotros llenamos el formulario y más o menos como al mes nos llaman de ahí del registro de adopción para decirnos si nos interesaría ir a una reunión que iban a hacer con todas las familias que se han postulado para informar la situación de los niños y demás”, relató la mamá.

En ese encuentro les dieron todos los detalles que necesitaban. Les comentaron del retraso madurativo de Cristian y su historia antes de llegar al Hogar de Niños. En caso de querer continuar con el proceso, debían completar un nuevo formulario, para manifestar su consentimiento de adoptar a los hermanitos.

“Cada entrevista era una esperanza más. Si no llamaban hasta la semana siguiente, por ejemplo, era como que uno perdía las esperanzas (…) Hasta que ha llegado el momento de pedirnos una visita con la asistente social y la psicóloga en nuestra casa. Y nosotros hemos pensábamos: ‘si pasamos esta, seguro nos va a salir’. Y ha pasado”, recordaba.

Para julio, el matrimonio estaba entre las tres familias seleccionadas. A fin de mes recibieron un mensaje que los confirmaba como la familia elegida para los hermanitos y que autorizaba a iniciar el proceso de vinculación. “Ahí se ha dado toda la adrenalina, sin conocernos. Nosotros no los habíamos visto antes”, indicaba.

Unas semanas después empezaron a verse en espacios públicos, en compañía de una asistente social y una psicóloga del Hogar de Niños y del RUA. Luego, estaban ya en condiciones de llevarse a los chicos a su casa para pasar el día o mediodía juntos, en lo que podían conocer también a los miembros de la familia ampliada de Daniela y Rafael.

A partir de entonces, regresarlos al Hogar se tornaba cada vez más difícil. “Era muy doloroso-explicaba- sobre todo para Cristian. Él no maneja sus emociones de la misma forma en que nosotros. Aparte, aquí estaban bien (en su casa), la vinculación avanzaba”.

Uno de los días más especiales de esta historia fue cuando los niños comenzaron a llamarlos “mamá y papá”.  “Ha sido desde el primer momento y jamás ha sido algo buscado por nosotros, ha salido de ellos”, remarcaba con mucha satisfacción. Tuvo también la felicidad de celebrar el Día de la Madre y las fiestas de fin de año con los niños.

“Las maestras me contaban que antes era un niño triste”

Cristian continúa en la Escuela N° 240 “Ramón Carrillo”, donde solía asistir cuando vivía en el Hogar de Niños. Sin embargo, su desempeño cambió por completo desde que reside con sus papás.

“Él tiene sus problemas en el habla. Era un niño que no controlaba esfínter cuando ha ido a vivir con nosotros. No se sabía relacionar mucho porque es un niño que desde muy chico ha vivido en el hogar. Pero, a medida que ha pasado el tiempo, con las terapias y demás, eso ha cambiado”, precisó.

Hoy, reveló, “todos están sorprendidos de su avance”. “Eso me enorgullece, porque antes las maestras me contabas que era un niño triste, que no tenía ganas de nada y ahora llega y les cuenta: ‘hemos ido con mi mamá y con mi papá a tal lugar, he jugado con mi hermano, mi abuela me ha cocinado esto…”, relató.

 “Un cambio de vida”

La vida de Cristian y de Gustavo cambió por completo gracias a sus papás y viceversa. Por eso, cuando le consultan a Daniela, pide a otras familias que esperan adoptar, que miren más allá de los bebés y niños sin discapacidad.

“Yo creo que el amor y las ganas transforman todo. Yo no me imaginaba de lo que era capaz, de la fuerza que tenía para afrontar diferentes situaciones o para buscar soluciones cuando se trata de mis hijos, sobre todo de Cristian”, expresó.

“Dani” cuenta que, desde hace un año y medio pasaron “de todo”, en lo que respecta a la discapacidad de su hijo mayor. En su caso, esto la motivó a levantar aún más la voz en su nombre. “Yo soy una persona que si antes luchaba por los derechos de todos en general, más por los de las personas con discapacidad, ahora con más razón. Porque la sociedad todavía no está preparada para la inclusión”, consideró.

“Ojalá algún día, no se trate de un diagnóstico”

“Un día hemos ido a comprar ropa y la vendedora lo miraba a Cristian y me dice: ‘¿Él tiene autismo?’ Y yo le digo: ‘Cristian se llama, para mí el diagnóstico no lo define’”, narró la madre sobre uno de los tantos episodios en los que siente la discriminación de la gente.

Y hace hincapié en todo lo contrario: “Cristian es mi hijo, es el niño más bueno del mundo. Y nosotros como papás, con cada terapia que hay, con cada actividad para mejorar su calidad de vida, estamos ahí. Nosotros no queremos un hijo perfecto, pero sí que esté más insertado en la sociedad”.

Sueña que  “algún día, no se trate de un diagnóstico”, ni de calificar a las personas por si son capacitadas o discapacitadas. Por lo pronto, brega porque en espacios infantiles y de adolescentes, su hijo se sienta incluido.

Cristian disfruta de hacer deportes, y eso no sería imposible sin la ayuda de Gustavo, su hermano menor y de un club que le permita participar. Pues, el año pasado, asistía a una escuela de fútbol, donde no era plenamente incluido. “Yo creo que no es culpa capaz de los niños sino de los padres, que no les hablan y demás”, explicó.

Este año ya le encontraron “la vuelta”: un lugar donde todos los integrantes del equipo lo incluyen. “Ahora juega al básquet en el Club Belgrano con su hermano y es totalmente diferente. Está incluido. Sus compañeros saben que él es un niño especial, aunque no parece, y lo ayudan y lo entienden cuando por ahí está en el ‘no’, y no quiere entregarles la pelota, por ejemplo, o no querer hacer las cosas”, ponderó.

“No hay que tener miedo”

Si Daniela tuviera que dejar un mensaje a las familias que esperan poder adoptar plantea que “no hay que tener miedo”. “Los niños con discapacidad tienen la misma capacidad para dar amor niño ‘normal’, como suelen decir. Con amor, con perseverancia y con esfuerzo, todo se puede”, remarcó.

Para esta mamá “el adoptar un niño con discapacidad es un gran acto de amor”. “Son niños que también tienen sueños y amor para dar y que solo necesitan una familia que los abrace tal cual son. Hay muchos niños que esperan una oportunidad y tener una familia puede cambiar su realidad”, concluyó.

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