Desde lugares distintos, pero atravesados por batallas profundas, Germán González y Nicolás Sayago decidieron dar un paso al frente y tender la mano. El primero convive desde hace más de 16 años con un diagnóstico de depresión. “Nico” es adicto recuperado, con más de dos años limpio.
Hoy, unidos por la experiencia y el dolor transformado en conciencia, buscan organizar un conversatorio abierto, independiente, sin banderas ni representaciones, para que quienes los siguen en redes y se sienten solos puedan encontrarse, hablar, escucharse y saber que no están solos.
“Queremos conseguir un espacio físico para reunirnos, escucharnos, generar conciencia y hablar sin filtro de depresión y adicciones. La situación es cada vez más crítica y sentimos que hay mucha gente necesitando ser escuchada”, explicaron en diálogo con Info del Estero.
La propuesta nace desde el corazón, sin fines políticos ni institucionales, solo con la intención de compartir vivencias reales y transmitir cómo cada uno aprendió día a día (y siguen aprendiendo) a dominar sus demonios internos.
Germán trabaja en medios de comunicación y desde adolescente convive con la depresión. Pasó por tratamientos psiquiátricos, sigue en terapia y buscó múltiples herramientas: reiki, meditación, constelaciones familiares y, especialmente, el deporte. Hace más de diez años encontró en el running, el trail running y las ultradistancias una forma de conexión profunda.
“El deporte y la naturaleza me ayudaron muchísimo. Te obligan a estar en el aquí y ahora. No podés vivir anclado al pasado ni adelantarte al futuro. Ahí está la clave para regular las emociones”, comentó.
Con absoluta honestidad, aclara que la depresión no se cura, pero se aprende a dominar: “Hay días muy difíciles y otros que se pueden sobrellevar. Lo mío es una cuestión química y lucho con eso todos los días. Por eso quiero ayudar. Siempre lo primero que recomiendo es acudir a un profesional”.
Nicolás, por su parte, ya realizó encuentros con personas atravesadas por las adicciones. “Vi la necesidad enorme de ser escuchados sin juzgar. Recibo mensajes de personas que no conozco, pidiendo ayuda”, dijo.
Su relato es crudo y conmovedor. Recordó una de sus últimas fiestas consumiendo: estaba encerrado en la casa de quien le vendía, sabiendo que debía irse y sin poder hacerlo.
“Estaba preso de mi adicción”, confesó. Esa noche volvió en moto, congelado, sin sentir nada. Al llegar a la casa de su padre, fue su abuela quien lo abrazó y, con amor y tristeza, le preguntó: “¿Hasta cuándo, hijo?”. “Yo sabía que estaba mal y no podía salir”, admitió.
Hoy, en recuperación, Nicolás entiende que muchas veces se pierde todo por priorizar el consumo. “Esas sillas hoy están vacías. Por eso creemos que cada video, cada charla, puede ser una vida más que llega, una vida que se salva”.
Ambos coinciden en algo fundamental: a veces la familia no alcanza, hay momentos de ataques, de bajones profundos, de pensamientos que no se pueden controlar. Angustia, miedo, desesperación. Y ahí, saber que alguien entiende, que alguien pasó por lo mismo, puede marcar la diferencia.
La convocatoria está abierta. Germán y Nicolás no prometen soluciones mágicas, pero sí presencia, escucha y verdad. “Queremos que sepan que se puede. Que no están solos”. Los interesados, pueden contactarse con ellos a través de las redes sociales.
