En un hecho sin precedentes que ha conmocionado al tablero político global, el avión de las fuerzas especiales estadounidenses que transportaba a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, aterrizó a las 17:00 horas (hora local) en el aeropuerto Stewart, en las afueras de la ciudad de Nueva York. Minutos más tarde, exactamente a las 17:24, el exmandatario descendió de la aeronave esposado y encapuchado, marcando el fin de su ciclo en el poder.
El desenlace de la “Operación Lanza del Sur”
La captura de Maduro es el resultado de un asedio estratégico de meses. Lo que inicialmente se presentó como un despliegue naval antinarcóticos de rutina en el Caribe, culminó en la “Operación Lanza del Sur”, un cerco sobre el Palacio de Miraflores ejecutado por fuerzas especiales con apoyo de inteligencia.
El traslado se realizó de manera escalonada: la pareja fue llevada desde Caracas hacia la base de Guantánamo y, finalmente, trasladada a Nueva York en un Boeing 757 (N874TW) vinculado al Departamento de Justicia.
Lectura de cargos en pista y traslado al MDC
Por razones de seguridad nacional, el protocolo inicial se realizó dentro de la propia cabina del avión, donde funcionarios judiciales procedieron a la lectura formal de cargos. Maduro enfrenta un expediente robustecido por años que incluye:
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Vínculos con el narcoterrorismo (liderazgo del Cartel de los Soles).
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Conspiración para la importación de cocaína.
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Lavado de activos.
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Uso de armas de guerra.
Tras bajar del avión, se espera que el matrimonio sea trasladado vía helicóptero al Centro de Detención Metropolitano de Nueva York (MDC) en Brooklyn. Esta prisión es conocida por su régimen de aislamiento extremo y por haber albergado a criminales de la talla de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
A pesar de la contundencia de las imágenes y de encontrarse bajo custodia federal, Maduro aún no ha emitido una renuncia formal ni un comunicado oficial reconociendo su salida del gobierno. Esta situación plantea un escenario complejo: mientras el líder chavista es procesado como un criminal común en los tribunales estadounidenses, técnicamente no ha cedido el mando en Caracas, profundizando la incertidumbre sobre quién tomará las riendas del Estado venezolano.
De ser hallado culpable, las proyecciones judiciales estiman una condena que podría alcanzar los 50 años de prisión, enviando un mensaje drástico de la administración estadounidense sobre los costos de los vínculos con el crimen organizado transnacional.
