La captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, por parte de fuerzas estadounidenses este sábado 3 de enero de 2026 generó un vacío de poder inmediato en Venezuela y abrió un escenario inédito desde el inicio del chavismo. Mientras la comunidad internacional observa con atención, el país se debate entre tres escenarios posibles para el denominado “Día 1” sin Maduro.
Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela de manera temporal hasta garantizar una transición “segura y ordenada”. En paralelo, sectores del chavismo duro advierten sobre una posible resistencia armada, mientras crece la presión regional para que asuma el presidente electo en 2024, Edmundo González Urrutia.
El mandatario estadounidense sorprendió al anunciar una eventual “administración provisional” con fuerte injerencia de su país. Entre los ejes planteados se encuentra la intervención directa en la industria petrolera, con el regreso inmediato de empresas estadounidenses a PDVSA para estabilizar la producción y el suministro.
Además, se evalúa un despliegue de fuerzas de seguridad en puntos estratégicos para evitar saqueos o un colapso social. En declaraciones públicas, Trump sembró dudas sobre la capacidad de la oposición venezolana para asumir de forma inmediata y deslizó la posibilidad de una junta transitoria con figuras designadas desde Washington.
La resistencia chavista
El círculo cercano a Maduro no reconoció la rendición. Con Delcy Rodríguez reportada en Rusia y Nicolás Maduro Guerra llamando a la “lucha armada”, el riesgo de un conflicto interno es una de las principales preocupaciones.
Sectores militares y policiales aún leales al chavismo, junto a colectivos armados, podrían iniciar acciones de resistencia, amparados en un decreto de “estado de conmoción” firmado por Maduro antes de su captura. La posibilidad de una guerra de guerrillas urbana mantiene en vilo a la población.
Varios países de la región, entre ellos Argentina, Paraguay y Panamá, reclaman que se respete el resultado de las elecciones de 2024. Edmundo González Urrutia, desde el exilio, aseguró estar listo para regresar y encabezar la reconstrucción institucional del país. En tanto, María Corina Machado ya trabaja en un plan de emergencia para las primeras horas de gobierno.
El desafío económico es mayúsculo: Venezuela enfrenta una inflación proyectada del 682 % para 2026 y una deuda crítica, lo que obligaría a una rápida negociación con organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial.
El futuro inmediato de Venezuela también tendrá efectos en la región y en los mercados internacionales. La apertura de los futuros del petróleo será el primer termómetro económico. Un traspaso de poder ordenado podría acelerar la normalización de la producción petrolera, mientras que un escenario de violencia interna podría generar inestabilidad regional, con países vecinos reforzando fronteras ante una posible nueva ola migratoria.
