ENERO | Liderar en modo verano: presencia, continuidad y cuidado

Enero no es un mes cualquiera en la vida de las organizaciones.
Los equipos se reconfiguran, los ritmos cambian y las dinámicas habituales se alteran. Hay personas de vacaciones, otras asumiendo roles de manera transitoria y líderes intentando sostener el funcionamiento con configuraciones distintas a las habituales.

En este contexto, liderar no consiste en exigir que todo funcione “como siempre”.
Consiste, más bien, en ajustar la mirada.

Uno de los errores más frecuentes en este tiempo es sostener —de manera explícita o implícita— las mismas expectativas de rendimiento, velocidad y disponibilidad que en los meses de plena actividad. Esa exigencia suele generar desgaste, malestar y una sensación de insuficiencia permanente tanto en quienes están como en quienes se ausentan.

Liderar en modo verano invita a hacerse una pregunta clave:
¿qué es verdaderamente esencial sostener ahora?

No todo tiene que avanzar al mismo ritmo.
No todo requiere resolución inmediata.
No todo merece la misma energía.

El liderazgo consciente en enero sabe distinguir entre lo crítico y lo accesorio. Prioriza los procesos que no pueden detenerse, cuida las decisiones sensibles y posterga aquello que puede esperar sin consecuencias mayores. Esta claridad no solo ordena la agenda: también alivia al equipo.

Sostener lo esencial no es “hacer menos por comodidad”.
Es hacer lo necesario con responsabilidad.

En muchos equipos, enero se vive como una tensión silenciosa. Quienes quedan sienten que deben compensar ausencias, y quienes se toman vacaciones cargan, a veces, con la culpa de no estar. El rol del liderazgo, aquí, es fundamental: nombrar la realidad, ajustar expectativas y validar que el funcionamiento es distinto porque el contexto también lo es.

Liderar en modo verano requiere una presencia diferente.
Menos control.
Más criterio.
Menos urgencia innecesaria.
Más cuidado del sistema.

La continuidad no se garantiza intentando sostenerlo todo, sino sosteniendo lo correcto. Y el cuidado aparece cuando se reconoce que las personas que están no son reemplazos de nadie: están aportando desde donde pueden, en una configuración temporal que también merece respeto.

Este tiempo, además, ofrece una oportunidad valiosa. Enero permite observar el sistema con otra lente: ¿qué cosas siguen funcionando aun con menos estructura?, ¿qué procesos dependen demasiado de ciertas personas?, ¿qué aprendizajes deja esta etapa para el resto del año?

Lejos de ser un mes “menor”, enero puede convertirse en un laboratorio de liderazgo. Un espacio para ensayar decisiones más livianas, conversaciones más claras y formas de coordinación más realistas.

Sostener equipos con ausencias por vacaciones no es un déficit.
Es una invitación a liderar con más conciencia.

Porque cuando el liderazgo ajusta el ritmo, cuida la energía y sostiene lo esencial, el equipo no solo atraviesa enero: llega a febrero más entero, más confiado y mejor preparado para retomar el camino.

Cecilia Inés Russo

Master Coach Ontológico Profesional

Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría

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