“Hoy soy lo que puedo”: el duro testimonio de un venezolano radicado en Santiago del Estero

César Santos dejó Venezuela hace años, pero su historia, como la de millones, sigue anclada a una tierra que duele. Radicado en Santiago del Estero, visitó La Mañana de Info y, junto a Leo y Luana, compartió un testimonio profundo y conmovedor sobre el exilio, el miedo y la necesidad de reconstruirse lejos de casa. “Santiago tiene algo que enamora”, dijo, al referirse al lugar que hoy lo recibe.

El sábado pasado, la noticia de la caída de Maduro lo encontró regresando del trabajo. “Me llegó un mensaje de mi sobrino al grupo de la familia avisando que estaban bombardeando. Entré a las redes y vi lo que estaba pasando. Era lo que el gran porcentaje de los venezolanos necesitábamos”, relató, aún conmovido. Para César, lo ocurrido fue “un ataque quirúrgico para extirpar un cáncer que nos estaba consumiendo”. “Por eso agradecemos. Estoy seguro de que el 80% de los venezolanos lo hace”, afirmó.

Hablar de Venezuela es hablar de una vida que ya no existe. “Cobramos tres dólares al mes. Nadie vive con eso. Era una muerte lenta”, expresó. Su familia se dedicaba a la industria de alimentos para animales, a emprender, a crear empresas. “Vivíamos de trabajar. Mi padre tuvo que vender la casa enorme que teníamos. Ya no existe nada de lo que éramos. Vendieron todo para que nosotros pudiéramos irnos del país”, recordó.

El exilio de César no fue directo ni sencillo. Antes de llegar a la Argentina vivió en Perú; sus hermanos migraron a distintos países; su madre, hermanas y sobrinos permanecen en Venezuela. “Mi salida tuvo muchas paradas”, contó. “No tengo nada aquí y, a la vez, no tengo tiempo para empezar de nuevo”. El miedo lo acompañó durante años: “Tenía miedo de que la policía me matara solo por caminar por la calle”.

Al referirse a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, César fue tajante: “No entiendo por qué quieren más. Esto es beneficiarse de la ignorancia de los pobres, y a mí eso no me va”. Sus palabras no nacen del odio, sino del cansancio de ver cómo un país entero se desmoronó.

Extrañar es parte del exilio. Extrañar a la familia, a los amigos, a la identidad. “No es fácil extrañar todo lo que uno era. Hoy, yo acá soy lo que puedo”, dijo, con una honestidad que atravesó el estudio.

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