Sigue la tensión con Estados Unidos: desaparecieron 16 buques venezolanos tras las advertencias de Trump

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro abrieron un conflicto energético de escala global, con impacto directo sobre el comercio de crudo, la seguridad marítima y el futuro de una de las mayores reservas petroleras del planeta. En el centro de la escena aparecen al menos 16 buques petroleros venezolanos que desaparecieron del radar internacional en medio del endurecimiento del bloqueo estadounidense y los planes de Washington para reactivar la producción local con destino al mercado norteamericano.

Según reveló The New York Times, al menos 16 petroleros afectados por las sanciones de Estados Unidos intentaron eludir el bloqueo naval durante los últimos dos días, recurriendo a maniobras ilegales como el ocultamiento de su ubicación real o el apagado de los sistemas de transmisión. Durante semanas, las embarcaciones habían sido detectadas por imágenes satelitales amarradas en puertos venezolanos, pero tras la captura de Maduro el sábado, todas desaparecieron de esos puntos.

Rastrearon a cuatro buques

Cuatro de los buques fueron rastreados navegando a unas 30 millas al este de la costa venezolana, utilizando nombres falsos y posiciones adulteradas, una práctica conocida como spoofing. De acuerdo con comunicaciones internas de la petrolera estatal PDVSA y con dos fuentes de la industria petrolera venezolana, que hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias, esas salidas se realizaron sin autorización del Palacio de Miraflores y podrían constituir el primer desafío abierto al control político de Delcy Rodríguez, juramentada como “presidenta interina”.

Los otros 12 petroleros permanecen completamente fuera del sistema, sin transmitir señales ni aparecer en nuevas imágenes satelitales. Consultado por el diario estadounidense, un funcionario de Washington confirmó que la “cuarentena” naval apunta específicamente a los buques sancionados que transportan petróleo venezolano, en lo que representa uno de los controles marítimos más severos aplicados en décadas sobre un país productor.

El 17 de diciembre pasado, casi tres semanas antes de la intervención militar y captura de Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó el martes un bloqueo “total y completo” de todos los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela.

En una publicación en Truth Social, acusó a Venezuela de robar activos estadounidenses, como petróleo y tierras, y de “terrorismo, narcotráfico y trata de personas”. “Por lo tanto, hoy ordeno un bloqueo total y completo de todos los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela”, añadió el mandatario. En este tiempo, al menos dos busques petroleros habían sido interceptados por la Guardia Costera de EEUU frente a las costas venezolanas.

A través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), Washington ya había sancionado a seis compañías navieras y bloqueó seis buques petroleros acusados de utilizar prácticas engañosas -como la manipulación de sistemas de geolocalización y el apagado de transmisiones- para transportar petróleo venezolano hacia Asia, en violación directa del régimen de sanciones.

La ofensiva incluyó además sanciones personales contra tres sobrinos de Cilia Flores, esposa de Maduro, y contra un empresario panameño vinculado al poder político venezolano. Dos de los sancionados, Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, conocidos como los “narcosobrinos”, habían sido condenados en Estados Unidos por narcotráfico tras intentar introducir cocaína en territorio estadounidense, pero fueron indultados en 2022 por la administración Biden. Según el Tesoro, tras su regreso a Venezuela continuaron con actividades ilícitas, lo que motivó su redesignación bajo la Orden Ejecutiva 14059. En la misma línea, la OFAC reincorporó a la lista negra a Carlos Erik Malpica Flores, ex directivo de PDVSA y ex funcionario clave del esquema financiero del chavismo.

En el plano estrictamente energético, el Tesoro de EEUU identificó a una red internacional de empresas navieras registradas en paraísos regulatorios -Islas Marshall, Islas Vírgenes Británicas, Reino Unido y Panamá- como piezas centrales del circuito de exportación de crudo venezolano sancionado. Los buques WHITE CRANE, KIARA M, H. CONSTANCE, LATTAFA, TAMIA y MONIQUE fueron formalmente declarados propiedad bloqueada, tras comprobarse que cargaron petróleo en Venezuela durante 2025 y manipularon deliberadamente sus sistemas AIS para ocultar rutas, cargas y destinos. Varias de estas embarcaciones tenían como destino final puertos asiáticos, lo que refuerza la hipótesis de una cadena logística diseñada para burlar el control estadounidense.

Según EEUU, estas medidas buscan cortar de raíz las fuentes de financiamiento del régimen venezolano, al tiempo que restablecen la línea dura de sanciones impuesta durante la primera presidencia de Donald Trump, en contraste con la política de alivio parcial aplicada por la administración Biden. A partir de estas designaciones, todos los activos vinculados a las personas, empresas y buques sancionados quedan congelados, y cualquier transacción con ellos -directa o indirecta- queda prohibida para ciudadanos y entidades que operen bajo jurisdicción estadounidense. El Tesoro advirtió además que el incumplimiento puede derivar en sanciones civiles y penales, reforzando el carácter extraterritorial del bloqueo y su impacto directo sobre el comercio marítimo global de petróleo venezolano.

Estados Unidos apunta a las reservas venezolanas

En paralelo al operativo militar y naval, Estados Unidos dejó en claro que el petróleo ocupa un lugar central en su estrategia. Según informó CBS News, la ofensiva reactivó el interés sobre el sector energético venezolano, que concentra las mayores reservas probadas de crudo del mundo.

“Vamos a reconstruir la infraestructura petrolera, que costará miles de millones de dólares, y será financiada directamente por las compañías petroleras. Y vamos a lograr que el petróleo fluya como debe ser”, afirmó el presidente Donald Trump en un discurso público tras la captura de Maduro y su esposa.

Actualmente, Venezuela produce alrededor de un millón de barriles diarios, menos del 1% del suministro global, de acuerdo con datos de la OPEP. A comienzos de los años 2000, esa cifra superaba los 3 millones de barriles diarios, pero se desplomó por la falta de inversión y el impacto de las sanciones estadounidenses. En ese contexto, gran parte del crudo venezolano terminó siendo exportado a China, según consignó Reuters.

En contraste, Estados Unidos produce 13,5 millones de barriles diarios, Arabia Saudita entre 10 y 12 millones, y Rusia alrededor de 9,4 millones, de acuerdo con la Administración de Información Energética (EIA).

Reservas gigantes, infraestructura devastada

El potencial de Venezuela sigue siendo extraordinario. El país cuenta con más de 303.000 millones de barriles de reservas probadas, equivalentes al 17% del petróleo mundial, superando incluso a Arabia Saudita, según la OPEP. La mayor parte se concentra en la Faja del Orinoco, una región de 54.000 kilómetros cuadrados con crudos extremadamente pesados.

Sin embargo, reconstruir el sector llevará tiempo y capital. Francisco J. Monaldi, director del programa de Energía para América Latina de la Universidad Rice, estimó que se necesitarán más de 10 años y al menos u$s 100.000 millones para elevar la producción a 4 millones de barriles diarios.

“La infraestructura petrolera venezolana está severamente degradada por décadas de subinversión y gran parte del crudo es extremadamente pesado, lo que lo hace más costoso de producir y procesar”, advirtió Neal Shearing, economista jefe de Capital Economics.

El rol de Chevron y el posible regreso de las majors

Hoy, Chevron es la única petrolera estadounidense operando en Venezuela y representa cerca del 25% de la producción local, gracias a una licencia especial otorgada en 2022 y extendida posteriormente. Otras grandes compañías como Exxon Mobil y ConocoPhillips se retiraron tras las nacionalizaciones impulsadas por Hugo Chávez desde 2006.

Para Monaldi, cualquier relanzamiento del sector dependerá de un nuevo marco político, fiscal y contractual. “Venezuela no tiene límites en recursos. El problema es la política”, resumió. A corto plazo, Chevron sería la principal beneficiada, aunque no se descarta el regreso de otras majors si se estabiliza el escenario.

Impacto acotado en los precios, por ahora

Pese a la tensión, el impacto inmediato en los precios internacionales parece limitado. El crudo estadounidense WTI cayó a u$s 57,32 por barril, según FactSet, en un mercado que sigue mostrando abundancia de oferta y capacidad ociosa.

“El suministro global sigue siendo amplio y no hay evidencia de una interrupción sostenida de los flujos físicos”, sostuvo Nigel Green, CEO de deVere Group. En la misma línea, Adam Crisafulli, de VitalKnowledge, afirmó que los inversores ya han atravesado crisis geopolíticas similares sin efectos duraderos.

No obstante, el Atlantic Council advirtió que una caída prolongada de la producción venezolana podría elevar los costos del diésel en Estados Unidos, presionando sobre la inflación. Para Monaldi, incluso el fin del bloqueo podría tener un efecto bajista: “Antes del bloqueo, Venezuela exportaba unos 800.000 barriles diarios. Si vuelven al mercado, aliviarían las presiones”.

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