Por Juan Manuel Aragón, fundador y único propietario de https://ramirezdevelazco.blogspot.com
Un suspiro de alivio se sintió en La Banda cuando en Infostream anunciaron que la Municipalidad no organizará este año el Festival de la Salamanca. Los bandeños zafaron de pagar millones a artistas, presentadores, policías, el club Sarmiento, sonidistas, diseñadores del escenario y una larga lista de gente que se necesita para organizar semejante acontecimiento. Muchos sostienen que sería de desear que ese dinero que no se usará en La Salamanca sirva para aumentar el sueldo de los barrenderos, que trabajan por el mísero sueldo de un plan de empleo. O para comprar anteojos a los agentes de Tránsito, así ven las infracciones que todos los días cometen los automovilistas frente a sus narices, sin que se den por aludidos.
Es posible que ese dinero no sea para aumentar la planta de funcionarios con más nombramientos a parientes del intendente Roger Nediani, costumbre que copió de su antecesor, el chaqueño Pablo Mirolo. Tampoco querrían los bandeños de ley que lo ahorrado en febrero se gaste en artistas el 16 de septiembre, para el Día de La Banda, con la excusa siempre traída de los pelos de que se trata de una fiesta del pueblo. Otro día se podría hablar de por qué lo multitudinario no tiene nada que ver con lo popular. ¡Vamos! Es una magnífica noticia.
Cabe recordar que cuando empezó, allá en los albores de la intendencia de Eduardo Ruiz, sí era una fiesta con sabor vecinal. Bandeños, santiagueños y de pueblos cercanos llevaban las sillas y mesas plegables, su comida, sus bebidas. Los cantores lo hacían por un módico estipendio y las organizaciones de bien público de la ciudad tenían un espacio gratis alrededor del público, con el fin de obtener fondos para sus actividades en favor de la comunidad.
Una vez que terminaba la fiesta, cuando se hacía el balance, si sobraba alguito de dinero, se repartía entre esas mismas instituciones que trabajaban por la comunidad. Algunos vieron el filón de oro y el festival se profesionalizó. Las más grandes figuras de la música popular argentina desfilaron por su escenario, no faltó ni una, y el fin de semana se estiró. Comenzaba el jueves a la noche y terminaba recién la noche del lunes al martes.
Nunca se supo muy bien cuánto se gastaba, cómo se gastaba, en qué se gastaba. Tampoco se explicó jamás cuánto embolsaban los organizadores ni cómo hacían empleados y funcionarios municipales para cobrar aparte a la comuna por su trabajo. Fueron detalles que se olvidaron siempre. En términos económicos, se dice que para unos la Salamanca era un negocio redondo, en términos electorales era ganancia para otros y, en el medio, el pueblo obtenía algo de circo.
Hubiera estado muy bien que, ante un acontecimiento de gran magnitud como el que se organizaba en esos años, si la comuna organizaba el tránsito o el intendente usaba su influencia para hacerle propaganda, pongalé. Pero de ahí a solventar a los artistas con un dinero que, para peor, nunca quedaba en La Banda, había un trecho muy largo. Al final se terminó. Desde la Municipalidad informa que solo por este año no lo hace y la gente ruega que sea para siempre. Quizás, con la mitad de lo que cuesta, se podría limpiar la ciudad, erradicar los basurales que, gracias a los agentes municipales —como se vio en un video de Info del Estero—, se arman en varios barrios. El ahorro debería servir, si no para volver a las veredas arboladas y las fincas perfumadas, al menos dejarla pichichí.
Con esito nomás se conformarían muchos.
