Invierno implacable en Europa: temporal de nieve deja seis muertos y paraliza las principales capitales

El inicio de 2026 ha puesto en jaque la infraestructura de movilidad en Europa. Por tercer día consecutivo, un intenso temporal de nieve ha provocado un colapso logístico masivo que afecta principalmente a Francia, los Países Bajos, Bélgica y el Reino Unido. Lo que comenzó como una postal invernal se ha transformado en una crisis humanitaria y de transporte que ya se cobra seis víctimas fatales: cinco decesos registrados en Francia y una mujer fallecida en Bosnia, donde las nevadas y lluvias también derivaron en inundaciones y cortes de energía en la región de los Balcanes.

El corazón de la crisis se sitúa en los grandes nodos aéreos del continente. Los aeropuertos de París y Ámsterdam han reportado cancelaciones masivas, dejando a más de mil viajeros varados pernoctando en las terminales de Schiphol. La conectividad terrestre no corre mejor suerte; el sistema ferroviario belga se encuentra bloqueado en la frontera con los Países Bajos, mientras que los servicios de Eurostar que unen Londres con el continente sufren constantes demoras y cancelaciones, aislando virtualmente a las principales capitales europeas.

En el norte, la situación ha escalado a niveles de emergencia nacional. En Escocia, cientos de colegios permanecen cerrados por tercera jornada consecutiva y el panorama ha sido calificado como “crítico” por las autoridades locales. Ante la magnitud de la acumulación de nieve, el diputado Andrew Bowie ha instado al gobierno a movilizar todos los recursos disponibles, sugiriendo incluso la intervención de las fuerzas armadas para garantizar el despeje de rutas y el suministro de bienes de primera necesidad a las poblaciones aisladas.

Sin embargo, el temporal ofrece una doble cara. Mientras la logística se desmorona y los gobiernos intentan restablecer los servicios básicos, miles de turistas han aprovechado el fenómeno para inmortalizar imágenes inéditas de monumentos emblemáticos como la Torre Eiffel y la Catedral de Notre Dame cubiertos por un espeso manto blanco. En París, el barrio de Montmartre se ha convertido en una pista improvisada para deportes de invierno, reflejando el contraste entre el caos administrativo y la fascinación estética que genera uno de los inviernos más crudos de los últimos años.

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