¿Cómo estamos tratando a nuestros viejos? Adultos mayores, derechos, abandono y un Estado que busca dar respuestas

En la mesa de La Mañana de Info de este viernes, Lucía Witte, directora provincial de la Tercera Edad, puso sobre la mesa un tema tan sensible como urgente: las políticas públicas, los derechos y los desafíos de una población que, muchas veces, sigue siendo invisibilizada.

Con una extensa trayectoria en el área social, Witte recordó que su camino comenzó hace muchos años, pero que su vínculo más profundo con las personas mayores se consolidó durante sus siete años al frente de la Residencia Mama Antula, y luego con su designación, hace casi cuatro años, como directora general de Adultos Mayores de la provincia. Un área que, explicó, fue jerarquizada institucionalmente tras la pandemia por decisión del gobernador Gerardo Zamora.

Las heridas de la pandemia

“La pandemia dejó muchas heridas, pero también dejó en claro la necesidad de tener un espacio específico de contención, gestión y coordinación para las personas mayores”, explicó. Así nació la Dirección Provincial de Adultos Mayores, con el objetivo de garantizar derechos y acompañar a una población especialmente golpeada por el aislamiento y la vulnerabilidad.

Uno de los ejes centrales de su intervención fue la Residencia Mama Antula, ubicada en La Banda, que tras una refacción integral en 2020 se convirtió, según destacó, en una residencia modelo a nivel país y referente en el norte argentino. “Tenemos infraestructura y equipamiento de primer nivel, y eso habla de una mirada social fuerte hacia las personas mayores institucionalizadas”, sostuvo.

Sin embargo, Witte fue clara al desmitificar la función de este tipo de espacios: “La residencia no es un lugar para ‘dejar’ a un papá o a una mamá. Alberga adultos mayores en situación de vulnerabilidad extrema, personas que han sufrido abusos, maltratos y abandono. Por eso es el Estado el que debe hacerse cargo”.

“La residencia no es un depósito de abuelos para ir a sacarte una foto una vez al mes”

En ese sentido, marcó un límite necesario sobre las visitas y acciones solidarias: “La residencia no es para ir a sacarse una foto para Facebook. Las visitas tienen que tener un trabajo sostenido, proyectos institucionales y respeto por la dignidad de quienes viven allí”. Destacó, además, experiencias ejemplares como la de la Escuela Sol María Paz y Figueroa, cuyos proyectos fueron premiados a nivel nacional por su trabajo constante con la residencia.

La funcionaria remarcó que la Dirección de Adultos Mayores no se reduce a Mamantula. También abarca el Centro de Día Virgen del Valle, donde concurren personas mayores sin red de contención familiar pero con vivienda propia. Allí desayunan, almuerzan y encuentran un espacio de acompañamiento, especialmente en casos de violencia intrafamiliar, muchas veces vinculada a hijos con adicciones. “El Estado tiene que garantizarles una vida acorde a sus derechos”, afirmó.

Consultada sobre el llamado “descarte” de las personas mayores, Witte hizo una diferenciación clave entre las zonas urbanas y el interior provincial. “En el interior todavía hay contención familiar, pero también aparecen nuevas formas de abuso”, advirtió. Entre ellas, mencionó las estafas económicas: personas que ofrecen llevar a cobrar jubilaciones en zonas sin cajeros automáticos y terminan apropiándose del dinero, o los préstamos gestionados por canales electrónicos que los adultos mayores no manejan.

La responsabilidad social

“Esto es un desafío enorme”, señaló, y adelantó que uno de los objetivos para este año es fortalecer el trabajo conjunto con bancos, empresas y gobiernos locales para prevenir estas situaciones de violencia económica. “Hay que hablar de responsabilidad social”, insistió.

Lejos de discursos abstractos, Witte volvió una y otra vez a lo concreto, a lo cotidiano. “Muchas problemáticas se resolverían con una charla en la mesa familiar”, dijo. Y propuso algo tan simple como profundo: preguntarse cómo estamos tratando a nuestras personas mayores, si respetamos su libertad, su individualidad y su derecho a socializar.

En ese punto, desarmó prejuicios comunes: “Decir que los centros de jubilados son para chusmear es no entender nada. Chusmear es socializar””. “Ojalá llegara a los 70 para ir a chusmear”, lanzó Leonel, con ironía.

Para Witte, el compromiso no es solo estatal ni institucional, sino profundamente humano. “No se trata de caridad, se trata de derechos. Y de algo básico: no joderse en los viejos”, resumió, sin eufemismos.

Su mensaje final fue una advertencia y, a la vez, una invitación: cuando el acompañamiento no existe, muchas veces quien menos estuvo es quien termina decidiendo por la persona mayor, casi siempre mal. Evitar eso, sostuvo, empieza en casa, pero necesita de un Estado presente y de una sociedad que deje de mirar para otro lado.

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