La Canasta Básica Total (CBT), indicador que marca el umbral de la pobreza en la Argentina, registró un aumento del 4,1% durante diciembre, una suba que volvió a ubicarse por encima del índice de inflación mensual, que fue del 2,8%.
De este modo, una familia tipo necesitó más de $1.300.000 mensuales para no ser considerada pobre, reflejando la fuerte presión que siguen ejerciendo los costos de los bienes y servicios esenciales sobre los ingresos de los hogares.
El dato resulta significativo porque va en contramano de la tendencia inflacionaria, que cerró el año con la mejor cifra anual en los últimos ocho años, mostrando una desaceleración general de los precios. Sin embargo, los productos y gastos que integran la canasta básica continúan mostrando incrementos superiores al promedio.
La CBT incluye no solo alimentos, sino también servicios básicos, transporte, indumentaria, educación y salud, lo que explica por qué su evolución impacta de manera directa en la medición de la pobreza. Cuando este indicador sube por encima de la inflación, el efecto es inmediato: cada vez más familias necesitan mayores ingresos para cubrir necesidades mínimas.
Este nuevo incremento vuelve a encender una señal de alerta, ya que, pese a la baja inflacionaria, el costo de vida esencial sigue aumentando a un ritmo más elevado, dificultando la recuperación del poder adquisitivo y manteniendo elevada la línea de pobreza.
En ese contexto, el desafío no solo pasa por contener la inflación, sino también por lograr que los ingresos acompañen la suba de la canasta básica, un factor clave para mejorar los indicadores sociales.
