Mientras el fuego ya devoró más de 14 mil hectáreas en la Patagonia, un video captó el preciso momento en que el Boeing 737 enviado por Santiago del Estero realiza una descarga heroica. El agradecimiento de los vecinos resalta en medio de las críticas al Gobierno Nacional por el desfinanciamiento del Servicio de Manejo del Fuego.
La lucha contra el fuego en la Patagonia argentina no solo se libra con agua y herramientas, sino también con gestos de solidaridad federal que conmueven a los brigadistas y vecinos. En las últimas horas, un video filmado por un residente de la zona se volvió viral, captando el instante en que el imponente Boeing 737 Fireliner, enviado por el Gobierno de Santiago del Estero, sobrevuela las llamas para realizar una descarga quirúrgica.
“¡Vamos santiagueño viejo nomás!”, se escucha gritar con euforia y alivio al vecino en la grabación, mientras la enorme aeronave blanca y azul atraviesa el humo para soltar miles de litros de agua sobre los focos activos. El grito de aliento sintetiza el sentimiento de una comunidad que se siente acompañada por una provincia del norte, en un contexto de abandono estatal nacional.

El gigante que no descansa
El Boeing de Santiago del Estero lleva 7 días de operación ininterrumpida en Chubut. Su presencia es vital, especialmente cuando se informa que el Gobierno Nacional ha desfinanciado en un 70% el Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Ante la retirada de recursos nacionales, el aporte de la provincia peronista del norte se ha convertido en el principal pulmón de resistencia para los 659 brigadistas que hoy combaten cuerpo a cuerpo en el terreno.
Maniobras quirúrgicas a 80 km/h
El operativo, que tiene su base de operaciones cerca del Lago Epuyén, es de una complejidad extrema. Los aviones hidrantes realizan una técnica que no permite margen de error:
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Recolección: Las aeronaves descienden a toda velocidad sobre el lago. Gracias a unos “scoopers” (ranuras por fricción), cargan hasta 3.000 litros en apenas 8 segundos.
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Descarga: Una vez que la tolva está llena, el piloto debe ascender y volar a contraviento para descargar el agua con precisión sobre las laderas encendidas.
“La maniobra es quirúrgica”, explicó Lisandro Núñez, instructor de hidroavión. Actualmente, el trabajo aéreo es el único apoyo disponible, ya que los helicópteros debieron suspender sus tareas debido a ráfagas de viento que alcanzan los 87 km/h, imposibilitando su vuelo seguro.

La esperanza puesta en el cielo
Mientras el fuego ya ha devastado una superficie equivalente a miles de canchas de fútbol, los habitantes de Chubut miran al cielo con doble esperanza. Por un lado, esperan la llegada de las lluvias pronosticadas por el Servicio Meteorológico Nacional. Por el otro, agradecen cada pasada del “santiagueño”, el avión que llegó desde miles de kilómetros para demostrar que, ante la emergencia, la solidaridad provincial llega donde el presupuesto nacional no alcanza.
