Pese a las señales de reactivación del consumo en algunos rubros, y el crecimiento del producto bruto interno (PBI), el sector productivo enfrenta una realidad alarmante. La caída del empleo en los últimos dos años delata una crisis que afecta con fuerza a sectores industriales clave, incluyendo el textil, el metalúrgico y el automotor.
Datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) muestran que hasta octubre de 2025, se perdieron 21.046 empleadores, con una caída de más de 270.000 puestos de trabajo. Esta situación refleja la falta de políticas industriales adecuadas y una apertura indiscriminada de importaciones que golpea severamente a sectores fundamentales de la economía.
La industria textil, por su parte, se vio particularmente afectada con 523 empresas cerradas en la cadena de indumentaria y afines, lo que representa una caída del 8,6%. En el segmento de confección, desaparecieron 225 compañías, llevando a la pérdida de 17.658 puestos de trabajo registrados en un lapso de dos años.
El desplome del consumo, la apreciación cambiaria y los altos costos financieros explican una buena parte del problema. Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) advirtieron sobre el aumento exponencial de las importaciones de ropa, especialmente de prendas chinas, que se duplicaron respecto al año anterior.
Esto se combina con el ingreso masivo de ropa usada, que había sido regulada en la última década, contribuyendo a un escenario de fuerte destrucción de empleo.
La tendencia negativa se extiende a la industria metalúrgica, donde se registró una caída del 4,6% interanual en octubre de 2025. A nivel laboral, el sector experimentó un retroceso del 2,9% interanual. Mientras que el 83,3% de las empresas creen que mantendrán o reducirán su personal. Los rubros de autopartes, fundición y bienes de capital continúan estancados, sin perspectivas de recuperación.
En lo que respecta a la construcción, la cantidad de empleadores se redujo en 8,3% con 120.000 puestos de trabajo perdidos entre julio de 2023 y octubre de 2025. Algunas empresas encontraron oportunidades en el sector privado, pero la situación general sigue siendo precaria.
Finalmente, la industria automotriz dio señales de fragilidad alarmantes. La producción nacional se desplomó un 30,3% en diciembre de 2025 respecto al mes anterior y cerró el 2025 en franco deterioro. Las exportaciones cayeron un 36,3% mensual y un 25,3% interanual, lo que delata la falta de competitividad frente a importaciones que siguen dominando el mercado.
En resumen, mientras la administración de Milei presume de indicadores macroeconómicos positivos, el panorama para muchos sectores productivos es sombrío. La coexistencia de una recuperación económica superficial y una devastación profunda del empleo y las capacidades productivas podría tener consecuencias estructurales a largo plazo.
