La pasión de Luis Trejo Pettinichi por el motocross nació cuando era apenas un niño. A los 5 años tuvo su primera moto y, aunque su papá intentó llevarlo por el camino del fútbol, él ya tenía claro que lo suyo eran las bicicletas, las motos y la adrenalina. “Me gusta, me apasiona”, resumió en la entrevista brindada en “La mañana de Info”.
Durante su infancia y adolescencia corrió de manera ininterrumpida entre los 5 y los 13 años, participando de competencias junto a otros pilotos santiagueños. Sin embargo, en 2002, en pleno contexto de crisis económica, tuvo que dejar la actividad al subir de categoría y necesitar una moto diferente, algo imposible de afrontar en ese momento.
El regreso llegó dos décadas después y con mucho sacrificio. “Hace cinco años me compré el casco, la pechera y las botas, y recién en 2025 pude comprar la moto”, contó. A los tres meses de volver a entrenar ya le decían que se largara a competir. En septiembre del año pasado debutó en el Campeonato del NOA y, contra todas sus dudas físicas, logró subirse al podio. “El cuerpo demostró que tiene memoria”, afirmó.
La preparación es exigente y requiere un cambio total de hábitos. Luis entrena cuando puede dos veces por semana, no sale, no se desvela y mantiene una rutina física y funcional que incluye salir a correr. Los fines de semana entrena en pista junto a otros siete corredores santiagueños, regando el circuito y realizando mangas de entre 5 y 10 minutos. “Somos todos grandes, incluso hay un corredor de más de 60 años”, destacó.

El motocross, explicó, se diferencia del enduro por tratarse de una pista marcada donde todos largan juntos y el tiempo es clave. Las caídas y golpes son parte del riesgo: él mismo sufrió la fractura de clavícula que lo dejó dos meses fuera de competencia. Aun así, volvió y participó en el Torneo de Verano en Tafí, donde nuevamente hizo podio.
Luis nunca tuvo una moto de calle. “Mi mamá no me deja, está prohibido”, contó entre risas. Ella es, paradójicamente, quien más lo alienta a correr, aunque no quiere verlo arriba de una moto en la vía pública por miedo a los peligros. Hoy, sin sponsors y siendo “recién iniciado”, reconoce que en Santiago del Estero no es fácil practicar motocross, pero asegura que está viviendo su sueño.
“Cada vez que hablo de motocross se me pone la piel de gallina”, confesó. Y dejó una invitación abierta: sumarse. “Dentro de la pista hay rivalidad, pero afuera somos muy compañeros. Es un grupo hermoso”.
