Desempolvar la memoria: el despertar de la identidad afro santiagueña

Cada 24 de enero, el mundo celebra el Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, una fecha establecida por la UNESCO para reconocer el patrimonio compartido de la humanidad. Pero en Santiago del Estero, este día no se limita a los libros de historia: late en el cuero de los bombos, en el paso arrastrado de la chacarera y en la lucha cotidiana de quienes, como Carla Díaz, han decidido dejar de ocultar su raíz.

Carla es bailarina y activista afropolítica. Su camino no ha sido fácil: ha sido una reconstrucción pieza por pieza de un árbol genealógico marcado por el silencio y la vergüenza de generaciones pasadas. “La identidad fue el eslabón que le faltaba a mi cadena vital”, explica en diálogo con Info del Estero.

Una raíz que aflora en la danza y el sabor

Para Carla, la africanidad en Santiago es una presencia constante pero invisibilizada. Ella sostiene que gran parte de nuestra cultura “argentina” nació de manos esclavizadas. “Apropiarse de nuestra identidad es velar de dónde vienen las costumbres o las comidas. El locro, el asado y las achuras vienen de una identidad afro argentina; se cocinaba con lo que quedaba del animal, y hoy lo reconocemos como parte de nuestra cultura viva”, reflexiona.

Esa influencia se traslada al cuerpo. Como educadora popular, Carla ha visto cómo la danza africana conecta con el santiagueño de una manera casi instintiva.

IDE — ¿Qué papel juega la danza en este proceso de reconocimiento?

Carla Díaz: Somos una sociedad percutiva. En la rítmica de la chacarera está presente el paso arrastradito del negro y la negra bailando. La danza me ha permitido ver cómo la gente abraza su negritud. Al terminar una clase en la Feria Artesanal, se me acercan personas a decirme: “yo soy de tal familia” o “mi abuelo era negro”. Allí es donde la negritud deja de ser algo malo para convertirse en un orgullo.

El desafío de “desaprender” el racismo y el machismo

Sin embargo, el camino hacia la visibilización se topa con un muro de discriminación normalizada. Carla analiza con crudeza los discursos actuales, citando el reciente caso de la abogada santiagueña en Brasil, donde se utilizaron comparaciones deshumanizantes.

“Asociar a personas afro con animales es un discurso instalado históricamente, desde que se exponían personas en museos como si fueran objetos. Lo que nos toca es desaprender”, enfatiza Carla. Además, marca una preocupación política sobre la falta de protección legal en el país: “En Brasil hay leyes y políticas públicas; en Argentina nos falta un montón de recorrido. Ya no tenemos el INADI para denunciar si nos discriminan por negros”.

Esa discriminación, según su testimonio, no viaja sola: a menudo se cruza con una impunidad masculina que todavía no ha sido desterrada de la provincia. Carla señala que existe una mirada machista que espera que la mujer soporte insultos o gestos sin decir nada, mientras el hombre actúa con total libertad. “No puede haber una perspectiva interseccional si no hay personas afrodescendientes, mujeres con voz propia, ocupando los espacios de referencia”.

Salud mental y el futuro de las infancias

Uno de los puntos más conmovedores del diálogo con Carla es su preocupación por las nuevas generaciones. Para ella, el reconocimiento no es solo un trámite administrativo o cultural, sino una cuestión de salud pública.

“Acompañar con salud mental a los niños y niñas afrodescendientes que sufren discriminación es urgente. A mí me hubiese servido mucho tener ese apoyo en la niñez, que es cuando uno construye su autoestima. Ayuda a no vivir con miedo de ser quienes somos en realidad”.

Este escenario de discriminación se cruza inevitablemente con el machismo. Carla denuncia la “total impunidad” con la que actúan ciertos hombres en estos contextos, amparados por una sociedad que no suele señalar al varón por sus reacciones violentas o poco ortodoxas.

Las mujeres afrodescendientes, en cambio, enfrentan una doble lucha por sus derechos en un sistema que muchas veces espera que soporten el estigma en silencio. Ocupar espacios de referencia política y de decisión es, para ella, la única forma de garantizar una perspectiva interseccional real.

Un mensaje de orgullo y justicia social

El mensaje final de Carla es una invitación a la acción: hablar de negritud es hablar de nosotros mismos. El reconocimiento de la cultura afro no debe limitarse a lo histórico o a las figuras de servidumbre; debe abrazar a los poetas, músicos y referentes actuales que forman parte del tejido social. Para ella, el reconocimiento viene abrazado de orgullo y empoderamiento. “Basta de discriminación en todos los aspectos de nuestras vidas”, reclama, convencida de que solo reconociendo nuestra raíz común podremos construir una sociedad santiagueña mucho más justa, libre y verdaderamente diversa.

Compartir