Con su calidez habitual y ese modo tan amoroso de explicar que la caracteriza, la kinesióloga Virginia Richard, una de las profesionales más queridas en Santiago del Estero por su trabajo con bebés y familias, visitó La Mañana de Info y habló sobre un tema clave: la importancia de la estimulación temprana en niñas y niños.
En diálogo con Leo y Luana, Virginia aclaró desde el inicio un punto fundamental: “La estimulación temprana no es solo para niños que tienen alguna dificultad. Puede ser para cualquier bebé, desde los cero meses hasta los tres años”.
Un acompañamiento integral, no solo motor
La estimulación temprana se da en una etapa crucial del desarrollo, cuando el cerebro y el cuerpo crecen a una velocidad impresionante. “Es la edad donde mayor desarrollo hay a nivel motriz, del lenguaje, auditivo y visual”, explicó.
Y aunque muchas veces se asocia la kinesiología solo al movimiento, fue clara: “No se puede separar lo motor de lo cognitivo, lo conductual, lo visual o lo auditivo. Todo actúa al mismo tiempo”.
Por eso, el trabajo no es solo con el bebé, sino también con las familias, especialmente con mamás y papás primerizos, que muchas veces llegan al consultorio con miedos o dudas. “Antes de hacer una macana, prefieren no tocarlo, no moverlo. Y lo que buscamos es todo lo contrario: enseñar cómo posicionar, cómo mover y cómo acompañar”.
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Movimiento libre, una clave del desarrollo
Uno de los conceptos centrales de la charla fue el movimiento libre. Desde la kinesiología actual, explicó Virginia, se favorece que el bebé pueda moverse lo más independientemente posible, siempre acompañado, pero sin limitarlo innecesariamente.
“El bebé se mueve para descubrir el mundo. Desde levantar la cabeza a los tres meses, todo lo lleva a querer acceder, mirar, trasladarse”, señaló. En ese sentido, remarcó que el cuerpo y el movimiento construyen el esquema corporal, es decir, la percepción que tenemos de nuestro propio cuerpo, algo que se forma desde muy temprano.
Motricidad fina y gruesa: qué son y por qué importan
Durante la charla también se explicó una duda muy común: la diferencia entre motricidad gruesa y motricidad fina.
- Motricidad gruesa: tiene que ver con el control general del cuerpo. Rodar, sentarse, gatear, pararse, caminar. Es más “primitiva” e intuitiva.
- Motricidad fina: requiere mayor precisión y coordinación, especialmente ojo-mano. Encastrar, amasar, agarrar objetos pequeños, usar ambas manos.
“La motricidad fina necesita práctica y coordinación. Se empieza a trabajar mucho en el jardín, pero puede estimularse desde antes, incluso desde los 7 u 8 meses, cuando el bebé empieza a manipular objetos”, explicó.
Y dejó un mensaje tranquilizador: “Todo se puede trabajar. Nada es definitivo”.
Cuándo consultar y por qué no esperar
Virginia destacó que cada vez más pediatras derivan niños sanos a estimulación temprana, no porque haya un problema, sino para evaluar, dar pautas y hacer seguimiento, como parte de los controles habituales.
“Muchas veces se hace un control una vez por mes, se dan pautas para la casa, se ve la evolución y se ajusta si hace falta”, contó.
La clave, remarcó, es no esperar a que algo esté mal: “La estimulación temprana saca miedos, acompaña a las familias y potencia el desarrollo desde lo cotidiano, con lo que hay en casa”.
Una charla necesaria, cercana y llena de herramientas prácticas, que volvió a poner en valor algo simple pero fundamental: dejar que los bebés se muevan, exploren y crezcan acompañados.
