Liderar cuando el ritmo vuelve a subir: aprender de la pausa para lo que viene

Después de un tiempo de menor ritmo, las organizaciones empiezan a reactivarse. Las agendas se llenan otra vez, las personas regresan, las decisiones se aceleran y la sensación de “volver a estar en marcha” se hace presente.

En ese movimiento, muchas veces se pierde algo valioso: lo que la pausa permitió ver.

Los períodos de menor intensidad —ya sea por vacaciones, transiciones o reconfiguraciones— ofrecen una oportunidad poco habitual para observar el funcionamiento de los equipos. Cuando baja la velocidad, ciertos patrones aparecen con más claridad. Se hace visible qué procesos sostienen al sistema, cuáles dependen demasiado de personas puntuales y qué acuerdos funcionan incluso sin supervisión constante.

Por eso, el desafío del liderazgo no está solo en volver a acelerar, sino en integrar los aprendizajes que dejó ese tiempo distinto.

Cuando el ritmo es alto, solemos operar en modo automático. La urgencia manda y el foco se concentra en resolver. En cambio, cuando el ritmo baja, aparece la posibilidad de mirar: cómo conversamos, cómo decidimos, cómo nos coordinamos cuando no todo está definido.

Ese registro es información estratégica.

Liderar en este momento implica resistir una tentación frecuente: retomar la actividad “como si nada hubiera pasado”. Volver a exigir el mismo funcionamiento sin revisar lo aprendido suele implicar perder una oportunidad valiosa de mejora consciente.

Las preguntas que deja la pausa son simples, pero potentes:
¿Qué siguió funcionando aun con menos estructura?
¿Qué se volvió frágil cuando ciertas personas no estaban?
¿Qué conversaciones resultaron imprescindibles?
¿Qué decisiones pudieron descentralizarse mejor de lo esperado?

Integrar estas respuestas no significa quedarse en la reflexión. Significa diseñar el próximo tramo con más criterio.

Los equipos que logran hacerlo no vuelven al año “a ciegas”. Regresan con mayor claridad sobre qué cuidar, qué ajustar y qué no volver a cargar innecesariamente. El liderazgo, entonces, deja de ser solo respuesta a la urgencia y se convierte en una práctica más consciente.

No se trata de sostener el ritmo bajo, ni de idealizar la pausa.
Se trata de no desperdiciarla.

Porque cuando un líder aprende del momento en que el sistema respiró distinto, el regreso no es un simple arranque: es una continuidad más lúcida.

Y ese aprendizaje silencioso —si lo hacemos consciente— acompaña todo el año.

Cecilia Inés Russo

Master Coach Ontologico Profesional

Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría

 

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