Tras semanas en las que la movilización de portaaviones y aviones de combate estadounidenses presagiaba un enfrentamiento total, Irán y Estados Unidos han decidido dar una oportunidad a la vía diplomática. Aunque el riesgo de una guerra regional sigue latente, la mediación de países como Turquía, Catar y Rusia ha permitido abrir una ventana de diálogo para retomar el expediente nuclear.
El líder supremo, Alí Jamenéi, advirtió recientemente que cualquier ataque norteamericano desataría un conflicto de escala imprevisible, lo que ha acelerado los esfuerzos internacionales para evitar un desastre mayor en la región.
El epicentro de este deshielo parece estar en Ankara, donde se espera que el enviado de Donald Trump, Steve Witkoff, mantenga un encuentro cara a cara con el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi. Sin embargo, este proceso diplomático enfrenta la fuerte resistencia de Israel, dado que Benjamín Netanyahu mantiene su postura a favor de una operación militar de gran alcance para desarticular al régimen de los ayatolás. Antes de verse con los enviados persas, Witkoff deberá coordinar posiciones en Jerusalén, donde evaluará las opciones militares vigentes junto al alto mando israelí.
El régimen islámico acude a esta mesa de negociación en una situación de extrema debilidad debido a la asfixia económica provocada por las sanciones y el desplome histórico del rial. A esto se suma la fuerte presión interna tras meses de protestas sociales y la desconfianza mutua que dejó la ofensiva militar de junio pasado, cuando Israel y Estados Unidos bombardearon plantas atómicas iraníes. El gobierno de Masoud Pezeshkian se muestra dispuesto a enviar sus reservas de uranio enriquecido al extranjero y pausar su producción a cambio del levantamiento de las sanciones, aunque Estados Unidos busca ampliar el acuerdo para incluir el cese del programa balístico iraní y el apoyo a grupos como Hamás y Hezbolá.
Como medida de disuasión, Teherán ha vuelto a poner sobre la mesa la seguridad del Estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que transita una quinta parte del petróleo mundial. Si bien el régimen canceló maniobras militares recientes como gesto de buena voluntad para el diálogo, la advertencia sobre la inestabilidad del flujo energético global sigue vigente en caso de que las conversaciones fracasen. La reunión del viernes en Turquía será determinante para saber si esta apertura diplomática es un avance real hacia la estabilidad o simplemente una pausa táctica antes de un choque armado definitivo.
