La conversación que todo equipo necesita: ¿hacia dónde vamos?

*Por Cecilia Inés Russo

Febrero tiene algo particular.
No es enero, donde todavía estamos saliendo de la pausa.
Tampoco es marzo, con su ritmo ya instalado.

Febrero es ese momento en el que el año empieza a moverse en serio.

Los equipos vuelven a encontrarse, las agendas se rearman, el trabajo recupera ritmo. Y en medio de ese movimiento, hay una pregunta que muchas veces queda sin decirse, pero que define todo lo que viene después:

¿Hacia dónde vamos?

No es una pregunta operativa.
No es una pregunta técnica.
Es una pregunta profundamente conversacional.

La visión no es un enunciado, es una conversación

Solemos hablar de visión como si fuera una frase inspiradora, un objetivo general o un documento que se presenta a principio de año. Sin embargo, en la vida real de los equipos, la visión no vive en los papeles: vive —o se pierde— en las conversaciones.

La visión es una conversación abierta sobre el futuro que queremos crear.

Cuando esa conversación no existe, el equipo sigue funcionando. Cumple tareas, responde a demandas, avanza en la agenda. Pero lo hace sin horizonte compartido, sosteniéndose más por la inercia que por el sentido.

Liderar es animarse a abrir la pregunta

Un liderazgo que habilita visión no es el que trae todas las respuestas, sino el que se anima a abrir las preguntas correctas.

Preguntas como:

  • ¿Qué queremos que sea distinto cuando este año termine?

  • ¿Qué impacto queremos tener como equipo?

  • ¿Qué vale la pena cuidar, fortalecer o transformar?

Estas preguntas no buscan definiciones inmediatas ni consensos forzados. Buscan algo más profundo: alinear sentido y dirección.

Cuando un equipo puede conversar su visión, las personas dejan de moverse solo desde la obligación y comienzan a involucrarse desde la elección.

Mucho hacer no siempre significa avanzar

Es frecuente encontrar equipos muy activos, con agendas llenas y mucho movimiento, que sin embargo sienten cansancio, dispersión o desgaste. No porque falte compromiso, sino porque falta una conversación clara sobre el rumbo.

Sin visión compartida, hay acción, pero no necesariamente dirección.

La visión funciona como una brújula: no elimina las dificultades, pero orienta las decisiones cotidianas y ayuda a priorizar.

Cuando el “hacia dónde vamos” está presente en las conversaciones, el trabajo diario cobra coherencia.

Febrero como oportunidad para volver a mirar el horizonte

Este mes ofrece una posibilidad valiosa. Con la experiencia del año anterior todavía cercana y con energías renovadas después del descanso, febrero invita a detenernos —aunque sea un poco— para conversar el futuro.

No se trata de planificar todo ahora.
Se trata de volver a conversar el sentido.

Porque antes de definir estrategias, objetivos o indicadores, hay una pregunta que necesita espacio:

¿Hacia dónde vamos? ¿Qué futuro queremos crear juntos este año?

Cuando esa conversación existe, todo lo demás empieza a ordenarse.

Cecilia Inés Russo

Master Coah Ontológico Profesional 

Aqui&Ahora Coaching y Consultoría

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