El Levi’s Stadium de Santa Clara se convirtió en el epicentro de un hito cultural sin precedentes durante el descanso del enfrentamiento entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks. Bad Bunny, consolidado como la figura central del Super Bowl LX, marcó un antes y un después al convertirse en el primer artista en sesenta años en realizar un espectáculo de mediotiempo íntegramente en español.
Con 31 años y tras un 2025 consagratorio donde obtuvo el Grammy al Álbum del Año por “Debí Tirar Más Fotos”, el puertorriqueño apareció en escena con una declaración de principios que resonó en todo el mundo: “¡Qué rico es ser latino!”.

El despliegue visual arrancó con la potencia de “Tití Me Preguntó”, transformando el estadio en una fiesta caribeña masiva que incluyó desde carritos de piraguas hasta un flujo ininterrumpido de banderas latinas. La puesta en escena fue un homenaje explícito a sus raíces, destacando una réplica del Morro del Viejo San Juan y su icónica “Casita”, el escenario rosa que ha recorrido el mundo en sus giras. Dentro de esta estructura aparecieron figuras de la talla de Karol G, Cardi B, Jessica Alba, Alix Earle y Pedro Pascal, quienes se sumaron al perreo mientras el artista reivindicaba su identidad al ritmo de “Yo perreo sola”, canción que dedicó especialmente a todas las mujeres del mundo.

La noche estuvo marcada por colaboraciones inesperadas que elevaron la energía a niveles estratosféricos. Lady Gaga sorprendió a la audiencia al aparecer para interpretar “Die With a Smile”, pero en una versión de salsa explosiva cargada de trompetas y congas, demostrando su aprecio por la diversidad cultural antes de terminar perreando junto al anfitrión. Por su parte, el veterano Ricky Martin irrumpió con la fuerza de un “boricua de pro”, encendiendo el fuego latino con un medley que incluyó la reivindicativa “Lo que le pasó a Hawái”, conectando el legado de los pioneros con el presente del género urbano.

A lo largo de los 12 minutos y 50 segundos que duró el show, Bad Bunny alternó éxitos como “Baila sin miedo”, el “Baile inolvidable” y “Un verano en Nueva Yol”, donde incluso tuvo un espacio para la famosa Toñita y su reciente Grammy. En un momento de gran carga emotiva, el artista cayó en otro salón de la casa mientras sonaba la legendaria “La gasolina”, para luego seguir con “Voy a llevarte pa PR”. Entre cañas de azúcar y un inmenso cartel que rezaba “La única cosa más poderosa que el odio es el amor”, Benito lanzó un dardo directo a la industria: “Ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón”.

El clímax del evento llegó cuando el estadio tembló ante el despliegue masivo de banderas de Puerto Rico, México, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Cuba, Argentina y otros países de la región, mientras Benito Antonio Martínez Ocasio miraba a cámara para agradecer a quienes nunca dejaron de creer en él.

Este despliegue cultural no solo fue un éxito artístico, sino también un fenómeno económico, en una sede que invirtió cerca de 100 millones de dólares y donde los anuncios publicitarios de 30 segundos alcanzaron los 10 millones de dólares. Con esta presentación, Bad Bunny no solo cerró un círculo que inició como invitado en 2020, sino que selló la victoria definitiva de la música latina en la plataforma más vista de la televisión global.

