Conejito HDP

*Por Walter Ortiz Vieyra

Una vez más el “Conejito malo”, con su nombre en inglés, se erige lamentable como el paradigma cultural de Latinoamérica.

Cualquiera diría que al presentarse en el Gran Tazón es un misil al corazón mismo de la idiosincrasia imperialista de los EEUU, pero creo lo contrario. Veamos.

En una escenografía atiborrada de cañaverales, claro, es que en Sudamérica no hay ciudades, no existe el cemento, las personas sólo pueden aspirar a trabajar en las cosechas de las multinacionales que refinan el azúcar que los excita. No existe en estos lados del sur la ciencia ni la tecnología, sólo somos campesinos zafreros.

A modo de escenario se levantaron una suerte de talleres o venta de mercachifes, alguna fachada de vivienda menos que regular y una camioneta vieja, en síntesis, pobreza. De las coreografías no cabrían demasiadas diferencias a las estadounidenses, pero la diferencia podría haber estado en no mostrarlas como prostibularias con actitudes desafiantes típicas de marginales, bueno, después de todo son quienes pusieron de moda la villanía como estilo de vida.

Todo esto coronado con una disque música carente de melodía, con los balbuceos guturales incomprensibles de un Conejito Malo, cuyo nombre es en inglés “Bad Bunny” en una coreo altanera de los habitantes del Bronx, muy identitario latino todo.

Así EEUU y el mundo asistía a un espectáculo pretendidamente disruptivo de la Carmen Miranda con hombreras en el que reforzaba los estigmas de pobreza, subdesarrollo y marginalidad con el que el supuesto primer mundo nos mira.

*Wallter Ortiz Vieyra es escritor, actor comediante y cantante santiagueño

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