El oro que incomoda: acusaciones de abuso sacuden al patinaje artístico olímpico

La consagración olímpica del dúo francés Laurence Fournier Beaudry y Guillaume Cizeron en el patinaje artístico sobre hielo quedó envuelta en una fuerte polémica que trascendió lo deportivo y abrió un debate ético en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026.

Tras obtener la medalla de oro en la prueba de danza libre, la pareja quedó en el centro de la escena por acusaciones de abuso de poder y agresión sexual que involucran a figuras clave de su entorno y a ex parejas profesionales. El diario USA Today cuestionó duramente la decisión del jurado y advirtió que premiar al dúo francés envía “un mensaje terrible a las víctimas y supervivientes de abuso sexual”.

La controversia se intensificó cuando durante la premiación fue visto Nikolaj Sorensen, ex pareja sentimental y deportiva de Fournier Beaudry, quien fue suspendido por al menos seis años tras ser acusado de una agresión sexual ocurrida en 2012. Aunque su sanción fue revocada en 2025, el caso continúa bajo revisión. Según medios internacionales, Sorensen recibió gestos de complicidad desde el podio, lo que generó un fuerte rechazo en el ambiente del patinaje.

A esto se sumaron las revelaciones de Gabriella Papadakis, ex compañera de Cizeron y campeona olímpica en Beijing 2022, quien en su libro testimonial denunció situaciones de control y exigencias excesivas dentro de la disciplina. “Puede que estuviera bajo una especie de control y viviera situaciones inaceptables”, sostuvo. Cizeron rechazó las acusaciones y las calificó como “difamatorias”, asegurando que la relación profesional se basó en una colaboración en igualdad de condiciones.

Las tensiones también quedaron reflejadas en la serie documental de Netflix “Brillantina y oro: Danza sobre hielo”, donde el patinador estadounidense Adam Rippon describió el contexto que rodea a la dupla como una “energía siniestra”.

Mientras tanto, Fournier Beaudry y Cizeron afirmaron que su prioridad es enfocarse en el deporte y disfrutar su sociedad artística. Sin embargo, la polémica sigue creciendo y deja una pregunta abierta: ¿hasta dónde puede separarse el éxito deportivo de los cuestionamientos éticos?

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