*Por Silvina Gómez
El mismo día en que en Roma iniciaban el funeral del Papa Francisco, en Los Telares, una familia atravesaba un momento límite en su vida: Lionel Coronel, de apenas dos años, había caído en una cisterna de 1,80 metros de profundidad y estaba ahogado.
Todo ocurrió en cuestión de minutos. Lionel había acompañado a su abuela, a quien siempre visitaba porque tenía dos perritos con los que jugaba. La mujer, vendedora de productos de cosmética por cartilla había ingresado a una habitación a buscar una crema y cuando regresó el pequeño ya no estaba. Lo llamó, le gritó y no le respondió. Lionel estaba en la profundidad de la cisterna.
Tras convencerse de que no estaba en los alrededores la mujer comenzó a buscar en la cisterna. “Se ha metido como ha podido en una cisterna que tiene un espacio de dos baldosas y ahí, moviendo el pie lo ha sentido. Mi madre mete la mano y lo saca de los pies, ya morado”, recuerda Romina, su mamá, quien relató esta historia a Info del Estero.
Lionel no tenía golpes. No respiraba.
Su otra hija vino a brindar ayuda y se llevó al pequeño al hospital de Los Telares, mientras la abuela le informaba a Romina que había ocurrido un accidente con su hijo. “Como ellos se habían ido en moto yo pensé que se les había cruzado un perro o algo, pero cuando me dice que estaba ahogado me he desesperado”, recuerda.

Había pocas esperanzas
Lionel llegó violeta. Sin signos vitales evidentes. Con signos de ahogamiento e hipotermia. El médico Villaverde lo recibió en la guardia y comenzó maniobras de reanimación. Tras lograr una respuesta mínima, decidió trasladarlo personalmente al Hospital de Añatuya.
Durante el traslado, el profesional de la salud que decidió abandonar la guardia por la gravedad del caso de “Leo”, lo acurrucaba y le pedía a la Virgen del Valle que lo ayude a salvar al pequeño.
Al lado del pequeño, su madre desesperada le pedía a Dios que no se lleve a su hijo. “Le pedía al Divino Niño porque somos devotos. A él le pedimos para poder tener a nuestro primer hijo. Le pedía a todos, y en un momento cierro los ojos. Cuando estaba así, se me representó la imagen del Papa Francisco de espaldas. Una imagen muy similar a la que han mostrado cuando estaba rezando solo en pandemia”, relata.

A pesar de que el Sumo Pontífice no estaba en sus mejores consideraciones porque “no había venido a Argentina, nunca vi una misa de él y estaba enojada”, se le representó en esas plegarias llenas de ruegos por un milagro.
Entonces Romina le dijo:
—Si vos sos un hombre de fe, intercedé por mi hijo. No me lo quites, por favor.
Creer o creer en el milagro
Minutos después, el médico levantó el pulgar. Lionel había reaccionado. “Ha sido en ese momento, justo después de decirle esas palabras al Papa Francisco”, explica la mujer que hasta ahora no encuentra razones lógicas a lo que pasó.
Al llegar a Añatuya, le realizaron una placa. Salió sin signos de ahogamiento. Por precaución, Lionel fue derivado a La Banda. Allí, nuevos estudios, análisis de sangre y otra placa confirmaron lo mismo: pulmones limpios, sin rastros de agua, sin daño neurológico, sin convulsiones, sin paro cardiorrespiratorio.
“Nadie se podía explicar qué había pasado porque cuando estaba en el hospital de Los Telares había mojado toda la sábana por la cantidad de agua que tenía. El médico no se explicaba cómo había sobrevivido, porque su cuerpo era muy pequeño. Él había llegado muerto al hospital“, detalla Romina.

Una vez en Añatuya, “Leo” estaba como si nada hubiera pasado. “Me decían que ya lo podían mandar a la casa pero por precaución, ya que había caído en una cisterna y por las características del agua podía presentar neumonía, nos han mandado al CIS Banda”, donde nuevamente confirmaron los signos vitales normales en el niño.
Luego de pasar estos minutos eternos de susto, Romina compartió un estado de WhatsApp agradeciendo a todos los que habían rezado por Lionel, y reveló lo sucedido con el Papa Francisco. Días después una amiga fue hasta la Catedral Metropolitana a agradecer la vida de “Leo” y se lo contó a un obispo. Luego un periodista especializado en religión la contactó y le pidió que cuente con lujo de detalle lo sucedido aquel 26 de abril de 2025.
“Esto es inexplicable. Siempre hemos sido personas de fe. El día que a Lionel le sucede esto, el médico estaba sorprendido porque hasta la policía rezaba para que se recupere. Cuando volvimos a casa nos han recibido con una caravana, y me decían que creen que esto es un milagro”, reconoce Romina, quien aún se sorprende por la repercusión de la historia.
Un pueblo revolucionado
La familia Coronel–Ventureira, integrada por Walter, Romina y sus hijos Lorenzo (10) y Lionel, es devota del Divino Niño. Habían hecho promesas para poder ser padres. Romina cuenta que Lionel es un “niño arcoíris”: nació meses después de la muerte de la madre de su marido.
Hoy, con la fe más fuerte que nunca consideran que tienen una misión. “No busco convencer a nadie. No busco un fin económico. Sé que mi misión es hablar de Dios”.
“La ciencia dice que es un milagro. Yo digo que es creer o creer”, reconoce Romina.
Hoy Lionel corre, juega y ríe. Nunca perdió las ganas de moverse. Nunca mostró secuelas. Lionel se hace sentir mientras entrevisto a Romina, y ella recuerda, no sin que le caigan algunas lágrimas, aquel cuerpo morado, aquella cisterna (a la que nunca antes se había acercado), aquella oración improvisada y la misión de cada cristiano: “Dios puede obrar de muchas formas aunque a veces no le encontremos explicación”.
“Ojalá el Papa Francisco, Dios, o en quien creamos siga obrando, aunque a veces no entendamos. Esto es lo que somos. Cuento la historia porque la ciencia dice que ‘Leo’ es un milagro, es creer o creer”.
