Gallardo cuestionado por los mismos que ayer lo defendían

En el fútbol, la memoria suele ser frágil y los respaldos, efímeros. Marcelo Gallardo atraviesa hoy uno de esos momentos incómodos que parecen inevitables incluso para quienes construyeron una historia dorada. Hace apenas unos meses, el mundo River —hinchas, dirigentes y gran parte del periodismo— le ratificaba la confianza. Hoy, el escenario es muy distinto.

El Muñeco aparece señalado, cuestionado y comparado, incluso, con entrenadores que hasta hace poco parecían estar en otra dimensión. La comparación con Claudio Úbeda puede resultar incómoda, pero sirve para graficar el clima: en el corto plazo, el técnico rival acumula más triunfos recientes que Gallardo. Claro está, la espalda del DT de River es incomparable, forjada a base de títulos y logros históricos, pero el termómetro del presente no perdona.

Conviene marcar un punto clave: los partidos los ganan —y los pierden— los futbolistas. Siempre. El entrenador influye, conduce y planifica, pero la ejecución final depende de quienes entran a la cancha. Por eso, cargar exclusivamente sobre Gallardo parece, como mínimo, injusto.

Sin embargo, la sensación que flota en el ambiente es clara: le soltaron la mano. Los hinchas ya no tienen la misma paciencia, el periodismo afila la crítica y hasta se percibe que la dirigencia comenzó a tomar distancia, aunque eso todavía no se haya explicitado. No parece probable que River decida despedirlo, pero si la salida se da por decisión propia, difícilmente genere resistencia.

De todos modos, pegarle cuando está en el piso no parece el camino. Si después de un año muy flojo se le renovó la confianza, resulta incoherente cambiar de postura por un puñado de malos resultados. El fútbol exige respuestas rápidas, pero también coherencia.

Gallardo está golpeado, sí, pero no vencido. Y si algo demostró a lo largo de su carrera es capacidad para levantarse. El Muñeco conoce el camino. Ahora, más que nunca, necesita recorrerlo otra vez.

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