Después de conversar la visión, aparece otra pregunta inevitable. Tal vez menos inspiradora a primera vista, pero igual de decisiva: ¿Qué vamos a hacer para lograr eso que queremos? Ahí comienza el terreno de la estrategia.
Y aunque muchas veces la palabra suene técnica o lejana, la estrategia no pertenece a los manuales sofisticados. En la vida real de los equipos, la estrategia aparece cuando decidimos qué sí y qué no va a ocupar nuestro tiempo y nuestra energía.
Estrategia no es hacer más, es elegir qué es central
Una confusión frecuente es creer que estrategia es sumar acciones, proyectos o iniciativas. Sin embargo, estratégicamente hablando, lo esencial no es la cantidad de cosas que hacemos, sino qué elegimos como prioritario.
La estrategia define grandes líneas, hitos, apuestas.
Marca el foco.
Un equipo sin estrategia suele estar muy ocupado, pero disperso.
Un equipo con estrategia clara puede hacer menos, pero con mayor coherencia.
Porque estratégicamente tan importante como lo que elegimos hacer es lo que decidimos postergar o descartar.

La estrategia se conversa, no se impone
Así como la visión se construye conversando, la estrategia también necesita ser pensada en conjunto.
Cuando la estrategia se define en soledad y luego se comunica como una lista cerrada, suele generar cumplimiento sin compromiso. En cambio, cuando el equipo participa en la conversación estratégica, aparece algo clave: la comprensión del para qué hacemos lo que hacemos.
Y cuando el para qué está claro, las decisiones adquieren sentido.
No son ocurrencias aisladas, sino elecciones alineadas con un criterio.
Estrategia es tender puentes entre el futuro y la realidad
Podemos pensar la estrategia como un puente.
De un lado, la visión: el futuro que queremos crear.
Del otro, la realidad actual: recursos, capacidades, tiempos y límites.
La estrategia no niega ninguna de las dos orillas.
No se queda solo en el deseo, pero tampoco se resigna a lo dado.
Su función es definir cuáles serán las grandes decisiones que nos permitirán avanzar hacia ese futuro.
Por eso, una conversación estratégica madura suele incluir preguntas como:
¿Qué es verdaderamente prioritario este año?
¿Dónde vamos a concentrar nuestra energía?
¿Qué decisiones marcarán una diferencia real?
Estrategia viva, no rigidez
En contextos cambiantes, la estrategia no puede ser un documento estático. Necesita revisarse, ajustarse y aprender de la experiencia.
Estrategia no es control absoluto.
Es dirección consciente.
No elimina la incertidumbre, pero ofrece un marco para decidir en medio de ella.
Febrero: un buen momento para definir las grandes decisiones
Si enero fue tiempo de pausa y febrero nos invita a conversar la visión, este también puede ser un momento oportuno para empezar a definir las grandes líneas del año.
No se trata de resolver todos los detalles.
Se trata de acordar qué es lo central.
Porque cuando un equipo tiene claridad sobre lo que va a priorizar, el trabajo cotidiano deja de ser una acumulación de tareas y comienza a transformarse en un recorrido con intención.
Cecilia Inés Russo
Master Coach Ontológico Profesional
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría
