El Carnaval es una de las celebraciones populares más antiguas y extendidas del mundo, y en Argentina tiene una historia propia que combina tradición europea, raíces africanas e influencias indígenas. Los feriados de lunes y martes de Carnaval reconocen una práctica cultural que se remonta a la época colonial y que atravesó prohibiciones, transformaciones y fuertes debates políticos.
En el país, los festejos ya existían en tiempos del Virreinato del Río de la Plata, cuando los bailes de máscaras y los juegos con agua tomaban tanto salones privados como calles enteras. Con el paso de los siglos, el Carnaval se convirtió en una expresión popular que encontró en las murgas, comparsas y corsos su sello distintivo.
Hoy, desde los corsos barriales en la Ciudad de Buenos Aires hasta las comparsas de Entre Ríos y Corrientes o las celebraciones del Noroeste, el Carnaval argentino es una manifestación cultural diversa que explica por qué el Estado decidió restituir sus feriados como parte del calendario oficial.
El Carnaval tiene raíces en antiguas fiestas paganas de Egipto, Grecia y Roma, que luego se integraron al calendario cristiano como celebración previa a la Cuaresma. Con la conquista española y portuguesa, la tradición llegó a América y se fusionó con prácticas locales. En el Río de la Plata, ya durante la Colonia, los vecinos participaban de bailes de máscaras en espacios como el antiguo Teatro de La Ranchería, mientras que en las calles eran habituales los juegos con agua, huevos ahuecados y baldes arrojados desde balcones.
