Agostina Paez denuncia ola de amenazas de muerte y racismo: “Ojalá te maten”

Amenazas de muerte, llamados a violación, mensajes xenófobos y racistas. Eso es lo que la abogada santiagueña Agostina Páez mostró en sus redes sociales desde Brasil, donde permanece detenida en el marco de una causa por injuria racial.

En una serie de historias de Instagram, la letrada publicó capturas de pantalla de mensajes privados que estremecen por su violencia explícita. “Eu vou te achar e te matar” (“Te voy a encontrar y te voy a matar”), “Vai morrer”, “Dos puñaladas y una zorra menos”, “Ojalá que te maten”, “Una pena que no te violaran 20 ‘monos’”, son solo algunas de las frases que recibió.

Los ataques no solo contienen amenazas de muerte directas, sino también expresiones de odio por nacionalidad y origen:
Sudaca de mierda”, “Indígena de mierda”, “Argensimia tripas secas”, “Ojalá algún brasilero te mate”.

En uno de los mensajes, un usuario incluso le advierte:

Cuidado en caminar sola”.

Las imágenes muestran decenas de emojis de calaveras, insultos reiterados y mensajes coordinados que parecen formar parte de una embestida masiva en redes sociales tras conocerse su situación judicial.

Páez fue detenida en Brasil acusada del delito de injuria racial, figura que en ese país tiene una fuerte carga penal. Desde que el caso tomó notoriedad, la exposición pública derivó en un fenómeno que especialistas definen como “linchamiento digital”: ataques coordinados, amenazas y discursos de odio amplificados por redes sociales.

Lo que comenzó como un proceso judicial terminó convirtiéndose en una catarata de violencia virtual que no distingue límites legales ni humanos.

En Brasil y en Argentina, las amenazas de muerte, la incitación a la violencia y los mensajes que promueven agresiones sexuales constituyen delitos penales. Frases como “Dos puñaladas y una zorra menos” o “Ojalá te violen 20” no son meros exabruptos: configuran apología de la violencia y amenazas concretas.

Paradójicamente, mientras la abogada enfrenta una causa vinculada a discriminación racial, las respuestas que recibe están cargadas de xenofobia y racismo explícito.

Más allá de la responsabilidad penal que deberá determinar la Justicia brasileña, el volumen y la gravedad de los mensajes difundidos por Páez abren otro debate: ¿hasta dónde llega la condena social en la era digital?

Las capturas revelan una escalada que va desde insultos hasta deseos explícitos de muerte. No se trata de críticas: se trata de amenazas.

El caso pone en evidencia cómo un proceso judicial puede derivar en una espiral de violencia pública que excede los tribunales y se traslada al terreno virtual, donde el anonimato multiplica la agresión.

Mientras la abogada permanece detenida en Brasil, la viralización de estos mensajes generó fuerte repercusión en redes y abrió una discusión sobre los límites del discurso de odio y la responsabilidad de las plataformas digitales ante contenidos que incitan a la violencia.

Porque si bien la Justicia debe determinar responsabilidades en el expediente por injuria racial, las amenazas de muerte, los llamados a violación y los ataques xenófobos también constituyen hechos graves que no pueden naturalizarse.

La historia, lejos de cerrarse en un juzgado brasileño, ahora expone otro fenómeno: el del odio que se multiplica con un c

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