Church GYM en Holanda: así es la iglesia que se transformó en gimnasio por falta de creyentes

La caída sostenida en la práctica religiosa viene modificando con fuerza el mapa espiritual de Europa occidental, y los Países Bajos son uno de los casos más visibles. Con menos fieles en las misas y comunidades cada vez más reducidas, numerosos templos históricos quedaron vacíos y comenzaron una segunda vida lejos del culto: hoy funcionan como bibliotecas, centros culturales, viviendas e incluso gimnasios.

Uno de los ejemplos más llamativos está en la ciudad de Utrecht, donde una antigua iglesia fue transformada en un moderno espacio de entrenamiento. Allí, las viejas bancas se utilizan como zonas de descanso entre series, mientras que los amplios salones y techos altos albergan máquinas y rutinas de fitness.

Las razones detrás del cambio

El fenómeno responde principalmente al fuerte descenso de creyentes y practicantes religiosos en el país. Décadas atrás, la participación en la vida parroquial era mucho más activa. Sin embargo, en los últimos años la asistencia a servicios religiosos y la afiliación formal a la Iglesia han disminuido de manera considerable.

Con edificios históricos costosos de mantener y congregaciones que ya no alcanzan para sostenerlos, muchas comunidades optaron por reconvertir estos espacios. La idea: conservar la estructura arquitectónica, pero adaptarla a nuevas necesidades sociales y económicas.

Patrimonio y debate

El gimnasio de Utrecht conserva elementos originales como vitrales, columnas y techos abovedados, combinándolos con equipamiento moderno. La escena resume el cruce entre tradición y presente: entrenamiento físico bajo estructuras que durante décadas fueron escenario de ceremonias religiosas.

Este tipo de reconversiones permite evitar el abandono o la demolición de construcciones emblemáticas, aunque también abre un debate. Para algunos, se trata de una solución creativa que preserva el patrimonio; para otros, implica resignificar —o incluso despojar— a los templos de su carácter sagrado.

Lo cierto es que el avance de la secularización en Europa impulsa una transformación profunda: iglesias que ya no convocan multitudes buscan reinventarse para seguir formando parte activa de la vida urbana.

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