Traidora por decreto

Por Juan Manuel Aragón, fundador del blog Ramírez de Velasco®

Un caso curioso es el choque del gobierno de Javier Milei con la vicepresidente Victoria Villarruel, que arrancó por una boludez insigne. En un momento en que los senadores del oficialismo eran minoría, ella tuvo que apegarse al reglamento de manera muy ostensible para no ofrecer ese flanco a la oposición. En una administración que llegó a tomarse a las patadas con todo lo que le molesta, aunque sea un poquito, esa actitud pareció tibia. Y Milei se enfureció. Como siempre pasa, la corte de adulones que lo rodea hizo eco al instante.

Villarruel no es cualquiera: es inteligente y sabe debatir. Basta recordar cómo, en las elecciones presidenciales de 2023, destrozó a Carlos Zanini mano a mano, ayudando a Milei a pasar de un cómodo tercer puesto al triunfo. Por sus contactos con sectores de las fuerzas de seguridad, muchos pensaban que sería la encargada de manejar la seguridad del gobierno. Pero apenas llegó al poder, Milei se aseguró de concentrar todos los resortes de la administración y decidió que la seguridad, interna y externa, quedara en manos de dirigentes que venían del macrismo. Fue un giro maquiavélico: olvidó a parte de los que lo habían ayudado, como aconsejaba el pensador florentino.

Lo más llamativo fue la reacción inmediata de sus seguidores. Al instante se alinearon con Milei para insultar a la Vicepresidenta con lo que encontraban a mano. Desde “es una Tal por Cual” hasta “ella sabe por qué”, los mileístas de la primera hora lanzaron insultos sin ofrecer una explicación razonable del repentino odio. Como si alguien les hubiera abierto la puerta para descargar improperios acumulados, pero sin argumentos.

Si se observa lo que sucede en los laboratorios de ideas del gobierno, se ve un patrón: algunos supuestos pensadores no critican al populismo —repito, no critican al populismo— porque según ellos hay uno bueno (el propio) y otro malo (la oposición). Copiaron algunas mañas. La peor es la que pide adhesión ciega a todo lo que hace el oficialismo, justificar cualquier cosa. Esa manera de pensar empobrece la discusión política en la sobremesa familiar y emputece la cabeza de cientos de miles de argentinos con un pensamiento binario: de un lado los elegidos, del otro los réprobos.

Si esto fuera una columna editorial, aquí pediría a los lectores que piensen por sí mismos, alaben lo que está bien y critiquen lo malo, pero en serio. Pero no, esto es nada más que una nota de opinión. Y, como siempre, al pedo.

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