La ONU exige un alto al fuego ante la “crítica” situación entre Afganistán y Pakistán

La guerra abierta entre Afganistán y Pakistán ha cruzado un punto de no retorno humanitario. Mientras los combates se intensifican, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó este martes un llamado “urgente” para la suspensión inmediata de las hostilidades, advirtiendo que la población civil está atrapada en una zona de muerte, desplazamientos masivos y falta total de asistencia.

La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) confirmó que la escalada ha provocado que 16.400 personas abandonen sus hogares en los últimos días. Este flujo de desplazados se suma a quienes ya habían perdido todo en el devastador terremoto de agosto de 2025 (el más letal en tres décadas), dejando a miles de familias en una vulnerabilidad absoluta.

El impacto en la infraestructura básica es catastrófico:

  • Asistencia suspendida: El Programa Mundial de Alimentos (PMA) debió interrumpir sus operaciones por la inseguridad, dejando a 160.000 residentes sin comida.

  • Salud en ruinas: Varios hospitales resultaron dañados por los bombardeos, y otros debieron cerrar sus puertas, impidiendo la atención de los heridos que llegan desde las provincias de Paktiyá, Paktiká y Nangarhar.

Mientras la ONU documenta al menos 42 muertes civiles (incluyendo menores), las partes en conflicto manejan números que hablan de una guerra total. Desde Afganistán, el gobierno talibán afirma haber capturado 40 puestos de control y 4 bases pakistaníes. Aseguran haber matado a cerca de 150 soldados de Pakistán y derribado 5 drones. Denuncian, además, que la aviación pakistaní violó su espacio aéreo para atacar mezquitas, escuelas y campos de desplazados en Kabul y otras ciudades. Desde Pakistán, Islamabad sostiene una versión opuesta, afirmando que sus operaciones han neutralizado a aproximadamente 400 combatientes talibanes hasta el momento, justificando sus ataques como una medida antiterrorista necesaria.

Un llamado al Derecho Internacional

Ante este escenario, la UNAMA instó a ambos países a cumplir con el Derecho Internacional y proteger a los civiles. “La inseguridad y el acceso limitado impiden registrar el alcance total del impacto”, señalaron desde los organismos humanitarios, quienes temen que la cifra real de víctimas sea muy superior a la reportada.

La combinación de un conflicto bélico de alta intensidad, los restos de un sismo histórico y el corte de la ayuda alimentaria coloca a la región al borde de una hambruna y un colapso sanitario sin precedentes.

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