El escenario económico argentino continúa mostrando signos de un marcado enfriamiento, según se desprende del último informe de la Fundación Encuentro. Basado en los datos suministrados por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el reporte de febrero de 2026 arroja una caída real interanual del 9,9%, consolidando una tendencia negativa que ya suma siete meses consecutivos de retroceso. Si se analiza el primer bimestre del año, la contracción acumulada alcanza el 8,8% en términos reales, una cifra que pone en perspectiva la magnitud de la erosión de los recursos fiscales en comparación con el mismo periodo del año anterior.

En términos monetarios constantes, la recaudación de febrero se situó en los 16.231.830 millones de pesos, quedando notablemente relegada frente a los más de 18 billones registrados en febrero de 2025. Lo más preocupante para los analistas es que este registro no solo es inferior al del año pasado, sino que también se ubica por debajo de los niveles alcanzados en 2023 y 2024, lo que sugiere que la capacidad recaudatoria del Estado ha retrocedido a niveles de hace tres años. Esta dinámica se explica por una combinación de factores que incluyen la baja en el nivel de actividad económica y las políticas de reducción de la carga tributaria implementadas por el Ejecutivo.
La estructura de los ingresos públicos en febrero se mantuvo altamente concentrada, con el IVA, la Seguridad Social y el Impuesto a las Ganancias explicando el 81% del total recaudado. Sin embargo, el comportamiento de estos tributos fue dispar y, en su mayoría, desalentador. El IVA, termómetro directo del consumo masivo, sufrió una fuerte caída real del 14,6%, mientras que los Derechos de Importación retrocedieron un 26,8%. El dato más extremo se dio en el Impuesto PAIS, que registró una caída del 101,0%, prácticamente desapareciendo de la planilla de ingresos fiscales.

Por otro lado, el sector agroexportador también aportó menos de lo previsto. Los Derechos de Exportación cayeron un 39,7% real, una merma que el informe vincula directamente con la eliminación y reducción de retenciones para cultivos clave como la soja, el trigo y el maíz. En este mar de números rojos, la única excepción relevante fue el Impuesto a los Combustibles, que presentó un crecimiento del 18,6%, convirtiéndose en el único tributo que logró ganarle a la tendencia general de caída.
Hacia adelante, el panorama se presenta desafiante. El acumulado de 2026, que asciende a 35,1 billones de pesos constantes, ya se encuentra un 7,5% por debajo de lo recaudado en el primer bimestre de 2023. Esta persistente caída en los recursos tributarios nacionales, que no da tregua desde agosto pasado, impacta directamente en la capacidad de financiamiento del Estado y genera una presión adicional sobre las provincias, que ven cómo la masa coparticipable se reduce mes a mes en un contexto de alta demanda social e infraestructura pendiente.
