Se cumplen 38 años de la trágica muerte de Alberto Olmedo: cómo fueron sus últimos minutos

El 5 de marzo de 1988 el ambiente del espectáculo argentino recibía una de las noticias más devastadoras: Alberto Olmedo había muerto. A las 7:45 de ese sábado, el capocómico que estaba en Mar del Plata se precipitó desde el piso 11 de su departamento en Maral 39.

El “Negro” Olmedo tenía 54 años, y antes de su muerte se había enterado que iba a ser padre. “Murió en el mejor momento de su vida, con la mina que quería y tomando champagne. Y no babeado en una cama, hecho mierda”, diría poco después Nancy Herrera, quien fuera su última pareja.

La escena de aquella mañana quedó grabada en quienes llegaron temprano al lugar. Algunos transeúntes que caminaban por la zona costera fueron los primeros en advertir que algo había ocurrido. Desde los balcones de edificios cercanos empezaron a asomarse vecinos, mientras los móviles policiales confirmaban que se trataba del actor que lideraba la temporada teatral. La incredulidad dominaba todo. Horas antes, Olmedo había terminado una función exitosa y había regresado a su departamento como tantas otras noches de ese verano.

De Rosario a los grandes escenarios

Su historia comenzó en Rosario, donde nació y creció en un ambiente popular que marcaría su identidad artística. Antes de convertirse en figura nacional trabajó en distintos oficios y se acercó a la televisión casi de manera casual.

Quienes lo conocieron en esa etapa recuerdan que ya tenía algo distinto: un humor físico muy marcado, una velocidad mental para improvisar y una naturalidad que lo hacía conectar con el público sin esfuerzo. Aquella combinación sería, años después, la clave de su éxito.

Cuando llegó a Buenos Aires, la televisión argentina atravesaba un momento de expansión. Los canales buscaban nuevas caras, y Olmedo apareció con un estilo que rompía con lo establecido. No se limitaba a decir el libreto: lo modificaba, lo desbordaba, jugaba con los tiempos del humor y con la complicidad del público. Esa forma de trabajar generó primero sorpresa y luego un fenómeno de popularidad que se consolidó durante la década del setenta y especialmente en los años ochenta. Sus personajes y su forma de actuar se volvieron parte del lenguaje cotidiano de millones de espectadores.

Sin embargo, además de la televisión con clásicos como El botón, El Chupete, No toca botón y Las aventuras del Capitán Piluso junto al inolvidable Humberto Ortiz en el personaje de Coquito, había otro territorio donde Olmedo se movía con una libertad particular: el teatro de revista en el verano. Cada temporada en Mar del Plata repetía el mismo fenómeno. Las salas se llenaban, el público buscaba entradas con anticipación y el humorista se convertía en el centro de la actividad nocturna de la ciudad. La temporada de 1988 no era la excepción.

Ese verano encabezaba el espectáculo “Éramos tan pobres”, una revista que dominaba la taquilla del Teatro Tronador. El elenco reunía nombres muy conocidos del circuito teatral y televisivo. Entre los protagonistas estaban Javier Portales —su histórico compañero humorístico—, César Bertrand, Beatriz Salomón, Silvia Pérez, Susana Romero, Divina Gloria y Romina Gay, además de un cuerpo de bailarines y actores que completaban la estructura del espectáculo. La dinámica del grupo era intensa: ensayos por la tarde, función por la noche y encuentros posteriores donde se comentaban detalles de la obra, reacciones del público y los cambios que Olmedo improvisaba sobre la marcha.

Después de muchas funciones, el elenco tenía un lugar habitual para cerrar la jornada: el restaurante Hamburgo, en la zona de Avda. Colón y 14 de Julio. Allí se reunían con frecuencia. Las mesas largas, la comida abundante y el clima de camaradería eran parte del ritual de cada noche. Olmedo solía ser el centro de esas reuniones. Contaba anécdotas, recreaba situaciones del escenario y muchas veces terminaba improvisando escenas que hacían reír incluso a otros clientes del lugar. Era, según recuerdan quienes trabajaban allí, un cliente habitual y muy reconocido.

Un verano atravesado por hechos luctuosos

Pero aquel verano no era uno más en la historia de la ciudad. Semanas antes, Mar del Plata había quedado sacudida por un hecho policial que ocupó portadas en todo el país: el asesinato de Alicia Muñiz a manos de su pareja, el ex campeón mundial de boxeo Carlos Monzón. El episodio había ocurrido el 14 de febrero de ese mismo año y provocó un impacto enorme en la sociedad argentina. En el ambiente artístico, la noticia se comentaba a diario, y muchos recordaban que Monzón había tenido vinculos con distintas figuras del espectáculo, incluido el propio Olmedo, de quien era muy amigo. La coincidencia de tragedias en la misma ciudad terminaría marcando a fuego ese verano.

La noche del viernes 4 de marzo comenzó con normalidad. La función de “Éramos tan pobres” fue un éxito, con el público respondiendo con risas constantes y aplausos prolongados. Varios integrantes del elenco recordaron después que Olmedo estaba particularmente animado, improvisando más de lo habitual y jugando con sus compañeros en escena. El final del espectáculo tuvo el clima típico de una temporada exitosa: saludos, fotos, comentarios en camarines y planes para la madrugada.

Después de la función, parte del elenco fue a cenar como de costumbre. Olmedo, en cambio, decidió retirarse antes. Aquella noche se reencontraría con su pareja de entonces, la actriz y vedette Nancy Herrera. La relación entre ambos había atravesado momentos intensos y otros más conflictivos, pero en esos días parecía estar recorriendo una etapa de reconciliación. En el departamento del Maral 39 la noche continuó con conversación, música y champagne. Incluso se mencionó que Herrera había dejado escrito un mensaje amoroso en el espejo que decía “Te amo”. Alberto estaba exultante porque sentía que habían salvado la pareja. Y más aún, cuando ella le contó que estaba embarazada (N de la R: Albertito, el hijo de ambos nació el 26 de octubre de ese año).

La madrugada avanzó sin que nada pareciera fuera de lo habitual para quienes vivían la rutina de la temporada teatral. Sin embargo, cerca de las 7:45 ocurrió el hecho que cambiaría todo. Olmedo salió al balcón del departamento del piso once. Desde allí se veía el mar y la avenida costera que a esa hora empezaba a tener movimiento. En ese momento, según la reconstrucción posterior basada en testimonios y declaraciones, el humorista comenzó a jugar con la baranda del balcón. Era un gesto que algunos allegados describieron como parte de su personalidad temeraria, una mezcla de humor físico y desafío. Estaba feliz, pleno porque su amada le daría un hijo.

La situación cambió en segundos. Olmedo perdió el equilibrio. Herrera intentó sujetarlo desde el interior del departamento. Hubo un instante breve de desesperación. Él habría alcanzado a gritar que se estaba cayendo, con ese tono dramático que usaba incluso en situaciones tensas. El intento por sostenerlo no alcanzó. Lo que surgió de las declaraciones de Nancy, quién estaba adentro intentando sujetarlo, fue que comenzó a jugar peligrosamente: se subió a la baranda y, en un gesto que muchos describieron como una broma que salió mal, perdió el equilibrio. “¡Me caigo, mamita, me caigo! ¡Agarráme la pierna!”, imploró con su habitual dramatismo en los últimos instantes. Ella intentó sin éxito sostenerlo. Finalmente, cayó desde el undécimo piso al jardín del edificio Maral 39, rebotó contra la vereda y terminó en el asfalto boca abajo.

El ruido del impacto alertó a los primeros testigos. Algunas personas que caminaban por la zona se acercaron sin saber exactamente qué había pasado. Cuando reconocieron al actor, la escena se volvió irreal. En pocos minutos llegaron policías, ambulancias y personal de seguridad del edificio. El cuerpo fue hallado en el frente del inmueble, y rápidamente se estableció que la caída había sido mortal.

Investigación

La investigación a cargo del juez Pedro Federico Hooft comenzó ese mismo día. Se tomaron declaraciones, se analizaron las circunstancias, se reconstruyó la secuencia de los hechos y se descartó la intervención de terceras personas.

La conclusión oficial determinó que se trató de un accidente, producto de la pérdida de equilibrio en el balcón. Sin embargo, como ocurre con muchos episodios que involucran figuras públicas, con el tiempo aparecieron versiones alternativas, especulaciones y discusiones que alimentaron el mito alrededor de aquella madrugada. Algunas hablaban de un posible suicidio, del estado emocional del actor, otras de la intensidad de la noche previa y del consumo de alcohol y drogas. Ninguna logró modificar la conclusión oficial del expediente.

Aquella mañana de marzo, frente al mar, el espectáculo argentino cambió para siempre. Y la caída desde ese balcón del piso once del Maral 39 se transformó en una de las escenas más recordadas y analizadas de la historia del espectáculo nacional.

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