Lo que comenzó como una jornada de pesca familiar terminó en un operativo de emergencia que movilizó a los guardavidas, la policía y grupos especializados. Un pescador, que navegaba junto a su esposa, sufrió la rotura del motor de su embarcación y quedó a merced de la corriente que lo arrastró varios kilómetros al sur de la ciudad.
Martín Cabral, integrante del Grupo de Guardavidas de Santiago del Estero, relató la tensión que se vivió durante las maniobras. “El río está muy peligroso. Al quedar sin motor, la lancha quedó sometida a la corriente y la fue arrastrando”, explicó. El alerta llegó gracias a que el damnificado logró comunicarse con un amigo, quien dio aviso inmediato a los rescatistas.

Un operativo con complicaciones técnicas
El rescate no fue sencillo. Los guardavidas debieron trasladarse por tierra hasta un camping ubicado a unos 16 kilómetros de la capital para poder botar su propia embarcación. Sin embargo, las inclemencias climáticas también les jugaron una mala pasada a ellos. “Por la lluvia nos había entrado agua en la nafta; el tanque tenía agua y también quedamos a la deriva un momento”, confesó Cabral.
A pesar del percance, la pericia de los guardavidas permitió solucionar el inconveniente mecánico en pleno río: “Pudimos remolcar la lancha hasta donde estaba el señor y, utilizando su combustible y haciendo unos arreglos, pudimos venir seguros”. Antes de emprender el regreso, el equipo debió verificar la integridad de los cascos de ambas embarcaciones para evitar filtraciones que complicaran aún más el traslado.
Cooperación entre fuerzas
La coordinación fue clave para el éxito de la misión. Los guardavidas trabajaron codo a codo con los efectivos de la Comisaría 54 y mantuvieron en alerta al Grupo Especial de Rescate (GER). “El GER estaba presto por si nosotros no podíamos, para darnos una mano, pero gracias a Dios pudimos entre todos”, destacó Cabral.
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Finalmente, tras más de 25 minutos de navegación y remolque, la familia fue puesta a salvo. Cabral cerró la jornada con un mensaje de prevención fundamental para quienes navegan el Dulce: “Es importante que siempre la policía tenga conocimiento de que hay una lancha navegando; alguien que, si no vuelven, pueda avisar”.
