8M: De la tragedia textil en la que murieron 129 mujeres a la marea global por la igualdad

Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer. No se trata de una celebración festiva, sino de una jornada de memoria activa dedicada a visibilizar la lucha por la equidad de derechos, reflexionar sobre los techos de cristal aún vigentes y honrar los avances logrados por generaciones de mujeres.

El origen en la fábrica Cotton

La elección de esta fecha tiene un trasfondo desgarrador que marcó un antes y un después en la conciencia laboral mundial. El 8 de marzo de 1908, en Nueva York, 129 trabajadoras de la fábrica textil Cotton iniciaron una huelga para reclamar la reducción de la jornada laboral, salarios dignos (equiparables a los de sus compañeros varones), mejores condiciones de seguridad e higiene.

La protesta terminó en tragedia cuando un incendio consumió el edificio con las mujeres dentro. Los relatos históricos indican que las puertas habían sido cerradas con llave para contener la protesta, impidiendo cualquier posibilidad de escape. Este sacrificio humano se convirtió en el motor de las primeras grandes movilizaciones por los derechos civiles femeninos.

La necesidad de una jornada internacional no tardó en tomar forma institucional. En 1910, en Copenhague, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, la dirigente alemana Clara Zetkin propuso instaurar el Día de la Mujer Trabajadora. El foco inicial era el derecho al sufragio, el acceso a cargos públicos y el fin de la discriminación laboral.

1977 (ONU): La Organización de las Naciones Unidas oficializó el 8 de marzo a nivel mundial, consolidando la fecha como el hito anual para evaluar la agenda de género global.

Argentina y el fenómeno “Ni Una Menos”

En el plano local, Argentina fue pionera en la construcción de movimientos de base con impacto internacional. El hito más reciente y potente es, sin duda, Ni Una Menos.

Surgido en 2015 como un grito desesperado ante la persistencia de los femicidios, este movimiento tuvo su primera manifestación masiva el 3 de junio de aquel año en más de 80 ciudades argentinas. Lo que comenzó como un reclamo contra la violencia física extrema, evolucionó rápidamente hacia una crítica estructural a la violencia de género en todas sus formas.

Ni Una Menos no fue solo una marcha; fue el inicio de una conversación regional que hoy atraviesa a América Latina, Europa y Asia, redefiniendo el rol de la mujer en la política y la sociedad civil.

 

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