“Fer”, la ferretera: “No tenía idea de tornillos ni de clavos, pero quería sacar adelante a mis hijos”

“Mis hijos se criaron entre tornillos y tuercas”, dice María Fernanda Segovia con mucho orgullo. La jujeña, que hace 17 años se mudó a Santiago del Estero, dejó atrás cuatro años de la carrera en Medicina y se “lanzó al vacío” al explorar en la actividad comercial, en un rubro que no es habitual para las mujeres. Pese a que sus conocimientos en la materia eran nulos, junto a su entonces pareja, montó una ferretería.

Podría haber sido una panadería, un almacén o una verdulería, claramente, pero en su barrio recién estrenado, no había dónde comprar herramientas. Así que en poco tiempo armaron el local y ella se convirtió en una experta.

El negocio familiar no logró subsistir a las crisis económicas de los últimos años, pero “Fer” se mantuvo en el rubro, gracias a sus conocimientos. Hoy trabaja como empleada de la ferretería San Martín, donde comparte las horas con varias compañeras, aunque es la única que se dedica a atender y asesorar clientes, como sus compañeros.

Encontrarla allí parece algo común, pero hace hasta hace unos pocos años, los clientes -especialmente hombres- la tomaban por cajera o preferían saltearse su presencia y preguntar si no había algún hombre para hacer sus consultas. Eso no la desanimaba. Lo tomaba con humor y seguía asesorando y, sobre todo, aprendiendo.

“Las mujeres hacemos todo para sacar a la familia adelante”

Pese a lo costoso que puede ser, son cada vez más las mujeres que irrumpen, y sin temor de usar esta palabra, en empleos y/u oficios históricamente ligados a los hombres. Para Fernanda, lo principal era garantizar el sustento de Rocío y Renato, que hoy son adolescentes de 17 y 15 años respectivamente.

Por eso estaba empecinada en aprender lo que hiciera falta para mantener la ferretería y ser útil a los clientes. “Yo no tenía idea de tornillos, clavos, destornilladores, nada… Y de pronto empecé a dedicarme. Creo que tiene que ver también con esto de que las mujeres hacemos todo para sacar a la familia adelante, a los hijos”, cuenta años después de ese proyecto que funcionó en el barrio 750 Viviendas.

Considera que ese negocio le ayudó a  confiar en sí misma. “Al comienzo sí, fue como raro para la gente verme ahí atendiendo, pero yo hablaba con mucho conocimiento. Después se lo tomaron muy bien y ya me iban a buscar”, recuerda.

En paralelo, la “ferretera” debía abocarse a la maternidad y todo lo que eso conlleva. Para sus hijos entonces niños, ese comercio era un lugar común de la casa. En horario de atención al público, sus actividades estaban ahí, al lado de su mamá.

“Ellos se criaron en medio de los tornillos y las tuercas porque yo atendía. Cuando eran chiquititos, les tenía una mesita roja en el fondo de la ‘ferre’ y ahí los tenía dibujando o haciendo cosas”, rememora.

Hoy se ríe de una anécdota de “entrecasa” que describe muy bien la convivencia entre las tareas de cuidado y el trabajo en casa. “Una vez me tocó que un cliente que entra y me dice: ‘señora, cuidado que la chiquita lo está lastimando a su hijo con un destornillador’”, cuenta entre risas el episodio del que el nene salió ileso, por supuesto.

Una nueva oportunidad

La ferretería en casa duró unos 10 años. Cuando la situación se tornó compleja, tuvo que cerrar. “Fer” perdía así su fuente de trabajo y necesitaba buscar un nuevo empleo. Previo a eso, consideró que necesitaba hacer “un crecimiento personal”, por lo que estudio coaching ontológico.

Eso me ayudó un montón”, dice. Entre otras cosas le sirvió para apalancar su búsqueda de trabajo en ámbitos en los que todavía no había incursionado. Entonces se sentía en cero: “en una provincia que no era mía, sin ningún tipo de contacto con nadie…”

No quería postularse en ferreterías porque aunque se movía como pez en el agua, consideraba que era un rubro vedado a los hombres. “Pensaba que por ahí iba a ser muy machista, no me iban a llevar el apunte porque soy mujer”, relata sobre su temporada de repartir currículums.

Sin embargo, un aviso en el diario la hizo cambiar de opinión. Necesitaban personal de ventas en la ferretería en la que trabaja actualmente, en Avenida Colón 502: se presentó y el dueño consideró que merecía esa oportunidad.

Detrás del mostrador se para segura y se mueve cómoda entre los estantes repletos de insumos, desde los más conocidos hasta los que solo los albañiles, plomeros y gasistas pueden llamar por el nombre sin dudar. Para el resto de los mortales, los que buscan el “cosito que va en el coso”, Fernanda tiene la respuesta.

“La gente ya sabe que yo tengo conocimiento. Hay clientes que eran de mi ferretería y ahora vienen a buscarme aquí”, señala.

Abriendo caminos

Es consciente de que ocupa un lugar que no en todas partes lo cederían a una mujer. Pero también cree que en los últimos años, con la fuerza de muchas que se animaron, el camino se allana. “Tengo algunas conocidas que tienen una ferretería; somos pocas, pero se está abriendo camino”, piensa.

“Está abriéndose a que podamos hacer lo que tengamos ganas, lo que nos guste, ¿no? En mi caso, a mí me gustan las herramientas, asesorar a la gente en plomería, de todo lo que sea ferretería, los taladros, las soldadoras, me encanta. Entonces, siento que al tener esa mirada, el género no importa”, remarca.

“Fer” acepta el “desafío” de mostrar que es idónea para las ventas en una ferretería. Y redobla la apuesta, porque cree que “las mujeres tenemos para aportar la escucha, la paciencia… Eso al cliente le gusta porque vos lo tienes que asesorar. A veces vienen con la cosita del cosito y uno le tiene que preguntar, ¿para qué lo necesita? ¿dónde lo va a poner? las mujeres tenemos eso, ¿no? de ser más pacientes que los hombres”, considera.

En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, María Fernanda habla desde su experiencia. Plantea que “las mujeres estamos empoderadas” porque más allá del cliché del término, define a una mujer con “poder”. “El poder hacer, el poder decir, el poder ser”, enumera y añade: “cuando nosotras podemos ser, desde ese amor, desde esa confianza que hay en nosotras, no hay límites”.

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