En medio de la cobertura especial de Info del Estero por el desborde del río Dulce, el equipo periodístico llegó hasta La Bajada, uno de los sectores más vulnerables ante la crecida, donde los vecinos viven horas de incertidumbre mientras observan cómo el agua avanza lentamente hacia sus casas.
A poco más de cien metros del río, Gabriela Torres, vecina del barrio, relató la angustiante situación que atraviesan varias familias de la zona.
“Estamos a unos 100 metros del río y es una zona baja. Si el agua sale del pavimento, nos inundamos totalmente”, explicó mientras señalaba hacia las calles que ya muestran señales de anegamiento.
Según contó, varias familias ya debieron ser evacuadas durante la noche del jueves, luego de que el agua comenzara a filtrarse por debajo de algunas tapas y sectores del terreno.

“Ayer a eso de las 11 de la noche ya empezaron a evacuar gente porque el agua estaba filtrando por abajo. Hay casas donde el agua les llega hasta las rodillas. Hay gente que lamentablemente perdió todo”, expresó con evidente tristeza.
Evacuados y refugio improvisado
Vecinos del lugar confirmaron que algunas de las familias fueron trasladadas a una iglesia ubicada sobre la Ruta 5, donde se organizó un espacio para resguardarlos mientras continúa la crecida.
Sin embargo, muchos residentes aseguran que la asistencia oficial llegó recién durante la mañana, cuando el agua ya había alcanzado varias calles del barrio.
“Recién han venido a las primeras horas de la mañana, cuando el agua ya estaba en la calle”, sostuvo Gabriela.
Prepararse como se puede
Mientras tanto, los vecinos intentan organizarse entre ellos para enfrentar la situación. Algunos comenzaron a levantar bordos de tierra de manera improvisada para tratar de frenar el ingreso del agua a las viviendas.

Aun así, muchos reconocen que los recursos son limitados.
“Para hacer algo realmente efectivo se necesitan máquinas, camiones… y no contamos con eso. Estamos preparados medianamente para ver cómo reaccionamos si el agua llega”, explicó la mujer.
El miedo de los más chicos
Entre los vecinos también estaban los niños, que viven el momento con temor e incertidumbre. Brianna, de 9 años, contó que nunca había visto el río tan grande.
“Tengo miedo”, dijo con timidez cuando el equipo de Info del Estero le preguntó cómo se sentía.
La niña explicó que ya empezó a prepararse por si tienen que irse de su casa.
“Guardé mis juguetes en una bolsa”, contó.
Un recuerdo que vuelve
Gabriela recordó que algo similar ocurrió cuando ella era pequeña, hace más de dos décadas, aunque asegura que en aquella oportunidad se realizaron obras de defensa más contundentes.
“En esa época ponían bolsas grandes, de 50 kilos, para frenar el agua. Ahora lo que han puesto es muy chico”, opinó.
Mientras el río continúa creciendo, los vecinos de La Bajada miran el cielo y el cauce con preocupación. Saben que la situación puede cambiar en cuestión de horas.
“El agua es como el fuego, no te da tiempo a nada”, resumió Gabriela, reflejando el sentimiento que atraviesa hoy a toda la comunidad ribereña.
