Ante la rotura y la falta de obras por parte del Municipio a cuyo frente se desempeña el intendente Lucas Ghi, los vecinos de Morón, área metropolitana de Buenos Aires deben recurrir a tapar los pozos en calles troncales con escombros o señalizarlos con neumáticos, con el objetivo de evitar que los conductores dañen sus vehículos. “Las reparaciones no son significativas, pero inexplicablemente, no se realizan. Y al mismo tiempo, como una ironía, la Comuna destina recursos al cierre de calles”.
Un ejemplo de esa política contradictoria se puede apreciar en Villa Sarmiento, en apenas 50 metros de distancia. Sobre la Autopista del Oeste hay un puente que comienza en Portela y Norteamérica, y que es una alternativa a los congestionados cruces de 3 de Febrero -a la altura del Hospital Posadas- y de la avenida República, en el límite con el partido de Tres de Febrero.
La salida obligada de ese puente es la calle Segurola, que permite acceder a la avenida Presidente Arturo Umberto Illia, arteria que permite acceder a Caseros o la Avenida General Paz. Pero apenas a 50 metros de la colectora, sobre la izquierda, un pequeño pero un profundo bache en el que se acumula el agua estancada aunque pasen varios días sin lluvias, sorprendía a los conductores.
Cansados del ruido que provocaban los vehículos al pasar por él, los vecinos optaron por colocar un neumático y otros elementos para que no queden dudas de que pasar por ahí expone a cualquier rodado a sufrir un daño.
Otra alternativa era, para quienes querían dirigirse al Hospital Posadas, tomar la colectora de la Autopista del Oeste, o bien la calle Cramer. Pero esa doble opción desapareció. Cramer, entre Segurola y Armenia se transformó en una calle vedada a la circulación vehicular, para lo cual el Municipio de Morón instaló separadores plásticos, tras los cuales bolardos de distinto tipo que impiden el paso.
Un automovilista, Walter, que se desplaza por la colectora de la Autopista desde Liniers hasta el Posadas “por las altas tarifas, 1.192 pesos con telepeaje, 2.400 pesos con pago manual en efectivo, para recorrer menos de 40 cuadras -advirtió- porque cobran lo mismo que si fuera hasta La Reja, una distancia de 25 kilómetros”, señaló que “al llegar al puente de Segurola tenía dos alternativas. Pero ya no. Y si la colectora quedara bloqueada, tendría que desviarme por Segurola para salir a la avenida Illia, que tiene un semáforo de tres tiempos en el cruce con Portela donde el tránsito se congestiona a toda hora”.
El cierre de calles por parte del Municipio de Morón parece una costumbre: años atrás fue cerrada Galán entre Nelson Page y Bergamini, en El Palomar, para instalar juegos infantiles, cuando a ambos lados de esa arteria hay amplios espacios verdes. La consecuencia es que quien circula por Galán y quiere tomar por Bergamini debe hacer un rodeo de 200 metros.
Y también en otro punto de Villa Sarmiento la Comuna cerró otra arteria: un tramo de la calle Francisco Madero, para crear una plaza, que obliga a los conductores a realizar un giro a la derecha y otro a la izquierda en apenas 50 metros, en una zona donde la comunicación vial resulta complicada por las típicas calles estrechas de la zona en torno a un colegio que ocupa 13 hectáreas.
El relleno con escombros es algo que se advierte en una gran cantidad de calles. Por ejemplo, en Alberto Vignes y Juan B. Justo, en Haedo. Y en esa ciudad, también en Llavallol, entre Fasola y América, por donde circulan los colectivos de las líneas 166, 182 y 326, cuyos conductores deben bajar la velocidad, lo cual no evita que los pasajeros perciban que la calzada está rota. “Se mueve bastante”, aseguró Lucas, habitual usuario de la 166.
También en Haedo, pero en otra zona, la calle Amado Nervo, por la que circula la línea de micros 634 exhibe una sucesión de parches de asfalto en mal estado. Y lo mismo ocurre en los 400 metros de Alvear, entre Fray Cayetano y la avenida Rivadavia. Es una arteria con mucho tránsito, ya que su continuación, Coronel Brandsen, en el partido de La Matanza, llega hasta la avenida Crovara, en Tablada. Pero sin ningún cartel que advierta el cambio de distrito, los conductores se dan cuenta que ingresaron en Morón por la sucesión de pozos y remiendos en malo estado, que obligan a realizar peligrosas maniobras.

Otra deficiencia en el pavimento se aprecia además en Haedo en Intendente Goria, -calle que el Ministerio de Obras Públicas de la Nación, durante la gestión de Julio de Vido- donde a la altura del 600 apareció una fisura, que al paso de las semanas se va agrandando. Rosales, arteria troncal que permite llegar de El Palomar a Haedo, que fue repavimentada hace menos de tres años, durante el mandato del actual intendente Lucas Ghi, muestra varios deterioros; el principal, en la mano hacia el Norte, poco antes del cruce con Carlos Bunge.
En el centro de Haedo, las sendas peatonales que se fueron despintando en la avenida Rivadavia y Segunda Rivadavia complican el desplazamiento peatonal, a la par de la “laguna” que se forma cada vez que llueve sobre la mano de la primera de las arterias inmediatamente después del pasaje La Porteña, precisamente a la altura de una rampa y una senda peatonal, que se vuelven imposibles de utilizar. Rocío, una vecina, advirtió irónicamente: “En Holanda o Países Bajos, lograron controlar el mar. Pero en Morón no pueden evitar que el agua se junte al cordón e impida pasar por donde debemos hacerlo los peatones”.

Pero el mal estado de las calles no es el único inconveniente que advierten los vecinos de Morón. El centro de El Palomar de noche ofrece una imagen tenebrosa. Ninguna de las luminarias que se ven de día en Itacumbú, entre la estación de trenes de la Línea San Martín y la calle Matienzo, tanto en la calzada como en la zona peatonal, funcionan, por lo que la oscuridad es total.
Los usuarios del transporte público, en tanto, sienten que han sido abandonados. El caso paradigmático es el de la parada de la línea 338, en la calle Independencia y Maestra Cueto, en el centro de Morón. Teniendo en cuenta que se trata de un servicio de colectivos que llega hasta la capital provincial, La Plata, “uno esperaría un refugio, bastante amplio. Pero no hay nada. A veces en la fila llegamos a ser 20, pero no hay forma de protegerse del sol ni de la lluvia”, aseguró Andrea.
Una situación llamativa es la que afrontan quienes aguardan el ramal de la línea 242 que conecta con San Justo en Haedo. Hace varios años las unidades tenían su cabecera en Remedios de Escalada de San Martín y Perito Moreno, donde se ubica el paso bajo nivel peatonal que permite acceder a los andenes de la estación y a la calle D’Andrea. La remodelación de esa arteria determinó que provisoriamente se detuvieran a una cuadra, en Remedios de Escalada y avenida Rivadavia, de donde salen varios ramales de la línea 238.
Lo provisorio se transformó en definitivo. Los refugios que se instalaron durante la gestión de Ramiro Tagliaferro como intendente de Morón (2015-2019) fueron retirados con Lucas Ghi como jefe comunal. El problema es que en su “nueva” cabecera, reiteradamente estacionan unidades de la línea 238 (ante la falta de espacio porque hay automóviles que ocupan su espacio), lo que determina que los colectivos de la 242 se detengan en medio de la calzada, con la consecuente complicación para todos los pasajeros, y especialmente para quienes tienen movilidad reducida.
Por otra parte, quienes se desplazan en bicicleta por Morón también deben enfrentar el mal estado de las calles, y no solo la ausencia, sino también la desaparición de vías exclusivas para esos rodados. El caso concreto es de la ciclovía inaugurada hace varios años junto a la calle Derqui, que unía Rosales con Margarita Corvalán. La misma se fue deteriorando, hasta que en 2021 surgió el proyecto de su remodelación, en el marco de la anunciada implantación de un tren de pasajeros en el contiguo ramal que une Caseros con Haedo.
Las obras comenzaron, se paralizaron, y dieron lugar a tramos inconexos, que obligan a descender de la bicicleta a quienes quieran utilizarlos, para pasar a tener que utilizar la angosta calzada de la calle Derqui. Un sector se extiende desde Corvalán hasta antes del proyectado apeadero ubicado antes del cruce con Dolores Prats. Allí el pavimento de la bicisenda y de la vereda da lugar a un sector de tierra, un panorama que lleva más de dos años.
Y luego hay otro tramo, a continuación de otro de los apeaderos proyectados, luego del paso a nivel con la calle Marconi. La extraña bicisenda, cubierta por las hojas de los árboles, una señal de su utilización casi nula, se extiende por apenas 300 metros, ya que se interrumpe a la altura de la calle Perdriel/República, arteria que tiene doble nombre por ser el límite entre Morón y Tres de Febrero.
Que concluya ahí no fue producto de una paralización, sino que todo indica que fue porque en el municipio vecino su intendente, Diego Valenzuela no era del mismo signo político que el gobierno nacional, encabezado por Alberto Fernández, a cargo de quien estaba la iniciativa: Valenzuela fue electo por el PRO, aunque el año pasado se sumó a La Libertad Avanza, y fue electo senador provincial. Aunque anunció que iba a renunciar a su cargo de intendente, finalmente optó por pedir licencia. Y tras asumir como legislador en diciembre, a las 24 horas también pidió licencia, con la expectativa de asumir al frente de la Agencia Nacional de Migraciones. Pero luego de tres meses de espera, y producto de los conflictos internos en su nuevo sector político, su designación acaba de ser cancelada, por lo que optó por desempeñarse como senador.
Fuente: Popular.
