En la ciudad de Añatuya hay oficios que casi no se ven, trabajos silenciosos que se sostienen con paciencia, dedicación y amor por lo que se hace. Uno de ellos es el de Daniel González, un artesano que desde hace varios años se dedica a una actividad poco común en la región: la fabricación de redes.
Desde hace al menos cinco años, Daniel trabaja tejiendo distintos tipos de redes. Entre las más conocidas se encuentran las redes de pesca, como la sabalera, el popular “medio mundo” y las redes para atar rayas. Con el paso del tiempo fue ampliando su trabajo y hoy también confecciona redes para fútbol, vóley, redes mojareras, hamacas paraguayas e incluso artículos de pesca.
Lo particular de su oficio es que, según cuenta, no hay muchas personas que realicen este tipo de trabajo en Añatuya e incluso en la provincia. “Es algo poco común. Aquí en Añatuya no hay nadie que haga lo que hago yo”, explica con orgullo.

El inicio de esta actividad tiene una historia sencilla pero muy ligada a sus propias pasiones. Daniel comenzó a interesarse por las redes a partir de su amor por la pesca. Aunque hoy no se dedica a pescar de manera habitual, recuerda que ese gusto fue el punto de partida para aprender a fabricarlas. Con el tiempo, alguien le sugirió que podía empezar a hacerlas también para vender.
La pandemia fue un momento clave. En ese período comenzó a producir con mayor frecuencia y a perfeccionar sus técnicas. Con esfuerzo y dedicación fue aprendiendo a elaborar redes de distintos tamaños y usos, adaptándose a nuevas demandas y sumando productos a su trabajo artesanal.
Pero detrás de cada red hay muchas horas de aprendizaje. Daniel cuenta que gran parte de su conocimiento lo adquirió gracias a la tecnología. A través de videollamadas, cursos y videos por internet logró aprender técnicas de personas de diferentes lugares, como Buenos Aires, Colombia y México.
“Uno va aprendiendo día a día. Nudos, contra nudos, cómo trabajar cada material. Cada producto tiene su resistencia y su calidad, y hay que adaptarse”, señala.
Hoy, Daniel continúa perfeccionándose y mantiene intacta la curiosidad por seguir aprendiendo. Su historia es un ejemplo de cómo la pasión, la constancia y las ganas de superarse pueden transformar un hobby en un oficio que aporta identidad y valor a la comunidad.
Entre hilos, nudos y paciencia, Daniel González sigue tejiendo redes… pero también una historia de trabajo y esfuerzo que merece ser reconocida.
