Por el Dr. Ing. Ftal. Miguel Ángel Sarmiento.
Cada 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques. Ese día nos merecemos reflexionar sobre la importancia de estos ecosistemas que muchas veces pasan desapercibidos, pero que sostienen la vida en todas sus formas. “Bosques y economías” es el lema del Día Internacional de los Bosques de 2026, que celebra el rol vital de los bosques como motor de la prosperidad económica local y regional. Este rol va mucho más allá de los ingresos monetarios y los puestos de trabajo que se derivan de la producción forestal y el comercio de materias primas renovables y alimentos. Los bosques también sostienen la agricultura familiar y comunitaria, mejoran la productividad agrícola y salvaguardan la salud ambiental de las cuencas hidrográficas conservando actividades culturales involucradas.
Hablar de bosques no es solo hablar de árboles. Es hablar de cultura, de identidad, de historia, es hablar de la relación entre los bosques, la alimentación y la economía de las comunidades que habitan en ellos y dependen de ellos. En un contexto atravesado por el cambio climático, la degradación ambiental, los incendios forestales y la creciente demanda de bienes naturales, los bosques aparecen como una de las claves para lograr un desarrollo verdaderamente sostenible.
En nuestra provincia, Santiago del Estero, esta reflexión adquiere un significado especial por la gran superficie de bosques y tierras cubiertas con árboles nativos. Formamos parte del Bosque Chaqueño, uno de los ecosistemas más importantes de Sudamérica, que no solo alberga una enorme biodiversidad, sino que también es fuente de vida para miles de familias que dependen directamente de sus recursos.
El monte santiagueño no es un paisaje más, no es una tierra improductiva: es sustento diario de miles de familias. De él provienen alimentos, miel, carne, leña, durmientes, carbón, forraje, medicina natural y materiales para la construcción. En muchas comunidades rurales, el bosque es la despensa, la farmacia y el abrigo. Pero también es un espacio de arraigo, donde se transmiten saberes ancestrales que tienen siglos de historia y se fortalece el vínculo con la tierra.

Sin embargo, esta riqueza natural convive con tensiones y situaciones desfavorables de larga data. Durante décadas, la expansión de la frontera agropecuaria y el uso intensivo del suelo han puesto en riesgo grandes extensiones de bosque nativo, no solo en nuestra provincia sino en el país y en otras regiones del mundo. La pérdida de cobertura forestal y en algunos casos el cambio de uso del suelo no solo afecta al ambiente, sino también a las economías locales y a las formas de vida de las comunidades campesinas y en otros casos indígenas que históricamente han sabido convivir con el monte de manera equilibrada.
Por eso, cuando hablamos de economía relacionada al bosque, es necesario ampliar la mirada. No se trata únicamente de producción y rentabilidad que se puede obtener de la extracción de individuos arbóreos con fines maderables (durmientes, tablas, postes) u obtención de productos forestales no madereros (carne, miel, frutos), sino de entender que los bosques tienen y generan valor: valor ambiental, social y cultural.
Apostar por el manejo sostenible del bosque nativo es, en definitiva para nuestra región, apostar por una economía que incluya a todos, que respete los tiempos de la naturaleza y que garantice oportunidades para las generaciones actuales y futuras.
En Santiago del Estero tenemos el desafío y también la responsabilidad de encontrar ese equilibrio. La Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (FCF-UNSE), que ya está próxima a cumplir sus 68 años, tiene como una de sus funciones principales difundir las ciencias forestales, formar profesionales y generar conocimiento a partir de sus investigaciones. Los profesionales forestales deben dedicarse a promover políticas públicas, planificar acciones para proteger nuestros bosques, fortalecer el trabajo de las comunidades campesinas y acompañar iniciativas productivas sustentables, no como una opción, sino como una necesidad urgente.
La FCF-UNSE lleva más de medio siglo estudiando los bosques locales y sus relaciones con el ambiente y la sociedad en innumerables investigaciones. Recientemente, la FCF-UNSE y la Dirección de Bosques y Fauna de la provincia apoyados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y financiados a través del proyecto Pagos por resultados de REDD+ de Argentina para el período 2014-2016 (GCP/ARG/029/GCF) elaboraron un plan estratégico de desarrollo en la Cuenca Forestal de Monte Quemado con un fuerte componente social, ambiental, económico y productivo. Este trabajo se llevó a cabo en la denominada Cuenca Forestal de Monte Quemado que abarca el departamento Copo y parte de Alberdi ocupando más de 1 millón de hectáreas y beneficiando a cerca de 1.000 familias locales.
El lema de este año nos recuerda algo esencial: sin bosques, no hay alimentos; sin alimentos, no hay vida. Pero también podríamos decir que sin bosques, no hay comunidades; y sin comunidades, no hay identidad.
Cuidar nuestros bosques es, en definitiva, cuidarnos a nosotros mismos. Es reconocer que el desarrollo no puede construirse a costa de la naturaleza, sino en armonía con ella. Y es entender que el verdadero progreso será aquel que logre integrar producción, ambiente y equidad social.
Este 21 de marzo no debe ser solo una fecha en el calendario. Debe ser un llamado a la acción. Porque el futuro de nuestros bosques, y de quienes viven de ellos, depende de las decisiones que tomemos hoy.
