El fútbol argentino está de luto. A los 79 años, falleció Cristina Mariscotti, la mujer que el mundo entero conoció y amó como la “Abuela lalala”. Aunque su partida ocurrió a principios de marzo debido a una insuficiencia cardíaca en el Hospital Santojanni, la noticia conmovió al país este domingo, despertando recuerdos de aquella esquina mágica de Caaguazú y Andalgalá, en Liniers, donde un grupo de pibes la convirtió en leyenda al ritmo de “¡Abuela, lalalalalá!”.
“‘Abuela Lalala’ es el apodo que me pusieron en Liniers”, hace cuatro años y aclaró en su momento: “No, no soy abuela, pero a mí no me molesta porque me gustó que los chicos del barrio festejaran, a mí me cuidaron”. Mariscotti se había sincerado, a días de ganar la tercera estrella: “Quiero que ganemos la copa por Messi, así se retira a hacer otra cosa con esa satisfacción, se lo merece”.
Cristina era una “porteña de ley”: nacida en Almagro, fanática de Boca y devota de su barrio. Curiosamente, no miraba los partidos por cábala, pero su salida a la calle tras cada triunfo de la Scaloneta se volvió un ritual nacional. Sin embargo, sus últimos tiempos fueron difíciles; un violento robo en su casa en 2024 deterioró su salud, pero nunca le quitó esa sonrisa que recorrió el planeta. A días de que comience una nueva cita mundialista, el eco de su canción volverá a sonar en cada esquina, ya no solo como un festejo, sino como el homenaje eterno a la mujer que nos enseñó que la pasión no tiene edad.
