La evolución de los precios en alimentos y bienes de consumo masivo continúa mostrando señales de presión sostenida, incluso en un contexto donde algunos componentes comienzan a moderarse. Así lo refleja el último informe de la Fundación Encuentro, al que accedió Info del Estero, y que analiza el comportamiento reciente de la canasta de supermercado.
Desde mediados de 2025, el relevamiento no registra semanas con caídas en los precios. Por el contrario, se consolida una dinámica de aumentos persistentes que, aunque con variaciones en su intensidad, no logra revertirse. En la tercera semana de marzo, la canasta registró un incremento del 0,6%, lo que implica una leve aceleración respecto de la semana anterior.
El informe advierte que, si bien algunos rubros mostraron una desaceleración, el efecto general sigue siendo alcista. En particular, los productos frescos evidenciaron un comportamiento más moderado, con bajas en frutas y verduras y subas más contenidas en carnes. Sin embargo, esta tendencia no fue suficiente para compensar los aumentos en otros segmentos.

En ese sentido, alimentos y bebidas sin alcohol volvieron a liderar las subas, con un incremento semanal del 0,7%, consolidándose como el principal motor de la variación de la canasta. Se trata, además, de un rubro con fuerte impacto en el consumo cotidiano, especialmente en los hogares de menores ingresos.
Ir al supermercado, 2,2% más caro
Al analizar la dinámica en términos mensuales, el estudio señala que la canasta de supermercado se mueve en torno a un ritmo del 2,2%, mientras que en alimentos y bebidas sin alcohol ese porcentaje se eleva al 2,6%. Esta diferencia refuerza la presión sobre los gastos esenciales, donde la incidencia en el presupuesto familiar es más directa.
El informe también introduce un elemento clave para el análisis inflacionario de marzo: el comportamiento de los precios regulados. En particular, el ajuste en combustibles aparece como un factor que podría empujar la inflación mensual por encima del 3%, configurando un piso elevado para el índice general.
En este escenario, el documento advierte sobre las dificultades crecientes para que los ingresos acompañen la evolución de los precios. La extensión de los aumentos hacia la mayoría de los bienes de consumo masivo, sumada a la presión de los regulados, refuerza la inercia inflacionaria.
Como consecuencia, el salario real vuelve a deteriorarse. La recomposición de ingresos no logra compensar el ritmo de suba de los precios, especialmente en alimentos y productos básicos, donde el impacto es inmediato y condiciona el poder adquisitivo de los hogares.
