El tiroteo que le costó la vida a un adolescente de 13 años en una escuela reavivó el recuerdo de la masacre de Carmen de Patagones ocurrida en 2004. El ataque armado dentro de la Escuela N° 40 “Mariano Moreno”, en San Cristóbal, Santa Fe, dejó un muerto y al menos ocho heridos en una tragedia que conmociona a todo el país.
Pasaron más de dos décadas desde aquel 28 de septiembre de 2004, pero las imágenes, los relatos y las preguntas siguen siendo casi las mismas. Un chico adolescente. Un arma dentro de una escuela. Compañeros aterrados. Un patio convertido en escena de horror. Y una comunidad entera intentando entender cómo algo así puede suceder.
Testigos del horror
En Carmen de Patagones, Rafael “Juniors” Solich tenía 15 años cuando ingresó armado a la Escuela de Enseñanza Media N° 2 Islas Malvinas y abrió fuego contra sus compañeros. Fueron 13 disparos. Murieron Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda. Otros cinco alumnos resultaron heridos.

En San Cristóbal, también fue un adolescente de 15 años. También fue durante el horario escolar. También fue frente a compañeros que no alcanzaron a comprender qué estaba pasando hasta que escucharon las detonaciones.
Los sobrevivientes de Carmen de Patagones contaron que “Juniors” entró al aula, caminó hacia el frente, se dio vuelta y comenzó a disparar. En Santa Fe, según las primeras reconstrucciones, el alumno abrió fuego cuando los estudiantes participaban del izamiento de la bandera.
Horas después del ataque, los testimonios de los estudiantes santafesinos reflejaron el espanto de tener que escapar para salvar sus vidas, y se repiten como fotocopia con los testigos del crimen de “Juniors”, si se buscan los testimonio de hace 22 años.

¿Qué sucedió en Santa Fe y por qué recuerda a Carmen de Patagones?
“Pensamos que iba a sacar una guitarra y sacó una escopeta”, contó uno de los alumnos de San Cristóbal. Otro relató: “Escuché un estruendo, miré para arriba y después un segundo disparo. El chico estaba tirado”.
En Carmen de Patagones, los alumnos también tardaron en entender lo que ocurría. Al principio, muchos creyeron que se trataba de una broma o de otro episodio de indisciplina escolar. Una semana antes, un grupo de chicos había hecho explotar un inodoro del baño y los vecinos ya estaban acostumbrados a escuchar ruidos extraños en la escuela.
“Todos van a morir”, había escrito “Juniors” en un pizarrón un año antes. Nadie tomó esa amenaza con la dimensión que tendría después.
En Santa Fe, compañeros del agresor también comenzaron a mencionar después del ataque que el adolescente atravesaba problemas familiares y que arrastraba situaciones de violencia dentro de su casa. Algunos dijeron que no sufría bullying en la escuela, pero sí padecía abusos y un entorno intrafamiliar complejo.
En Carmen de Patagones, esa explicación también apareció rápidamente. Con el paso del tiempo, familiares de las víctimas y especialistas apuntaron a los años de violencia familiar, al aislamiento y a las señales previas que nadie vio o nadie quiso ver.
“Juniors lo anunció, quería matar desde séptimo grado a todos sus compañeros”, recordó Marisa Santa Cruz de Ponce, madre de Federico, una de las víctimas fatales de la masacre de 2004. Para ella, nunca hubo justicia. “Cómo va a haber justicia si cada uno de los que hicieron posible la matanza siguió con su vida”, dijo.
Inimputables
Al igual que ocurrió con Solich en 2004, el adolescente de San Cristóbal también es inimputable por su edad. Aunque la nueva ley penal juvenil ya fue publicada, todavía no entró en vigencia y recién comenzará a aplicarse en septiembre.
Eso significa que el joven no enfrentará una responsabilidad penal en el sentido tradicional, sino medidas de protección y abordaje socioeducativo que quedarán bajo reserva judicial.
La situación vuelve a poner sobre la mesa un debate que reaparece cada vez que ocurre un caso de estas características: qué hacer con los menores que protagonizan hechos de extrema violencia, cómo detectar las señales previas y cuál es la responsabilidad de la escuela, la familia y el Estado.
En Carmen de Patagones, muchos sostienen que hubo advertencias que fueron ignoradas. En Santa Fe, la investigación recién comienza y todavía no está claro si existieron señales previas que pudieron haber anticipado el desenlace.
