Manuel Jesús “Popeye” Díaz, veterano de Malvinas estuvo en el estudio de Info Stream para recordar su dura experiencia en el puerto Darwin en 1982. En diálogo con La Mañana de Info recordó cómo fueron los momentos previos a su viaje a la Islas, su cruda estadía con tan solo 18 años en medio del conflicto bélico y el regreso al país.
Díaz contó que se encontraba en la Escuela Militar de Córdoba, donde era soldado, pero no creía que fuera convocado para la guerra. El día anterior a que sus compañeros se alistaran, él había tenido franco, por lo que viajó a Santiago del Estero para ver a su madre.
“Me ha recibido llorando diciendo que me iba a ir a la guerra y yo le dije: ‘ma, yo no voy a ir a la guerra, creo que van a ir los que están más cerca, los de Buenos Aires’”, fue su respuesta para consolarla. Él tampoco se lo esperaba. Pero al regresar al liceo junto a Juan Carlos Jugo, otro santiagueño, su compañía ya estaba encuartelada, “aprestos para ir al sur”.
En principio, no estaba en la lista dado que el día de la preparación no se encontraba con sus compañeros. Sin embargo, luego le pidieron que se alistara para salir el día martes 13 de abril. El 14 llegaron a Malvinas a eso de las 10.00 y lo primero que hizo es correr a conocer el mar, como tantos otros que tampoco lo conocían.
Ese mismo día un teniente le dijo que se preparara porque junto a otros 14 debían viajar. Les ordenaron cargar una “MAC” (ametralladora) y municiones. Al llegar a Darwin los recibieron infantes de Marina que se encontraban allí desde el 2 de abril, el día de la “toma”.
“Estaban contentos porque pensaban que nosotros íbamos a relevarlos a ellos”, recordó Manuel. No obstante, una vez enterados de que no era un relevo, sino un refuerzo, de “alegraron” por el solo hecho de que habían llevado pan.
“En Malvinas se dormía poco. Durante la guerra no se duerme, quizás dos horas, tres ya es mucho. Todo el día había mucha actividad”, relató el veterano. A su vez, se refirió a las tareas que llevaba adelante a los fines de “dar seguridad para que los aviones puedan operar” en el aeropuerto. “Había que camuflarlo todos los días, cambiar el panorama visual para que el enemigo no nos ataquen. Después recién nos enteramos de eso. Lo hacíamos sin saber”, contó.
El momento en el que Manuel de 18 años cuál era el peligro al que se exponía fue cuando comenzaron los ataques británicos. “El primer impacto es muy difícil. Nosotros el 1° de mayo que ha sido el primer ataque de los ingleses, nos han dado una paliza”, sostuvo.
Dijo que allí conoció el miedo. “No podías contener el temblor del cuerpo, no solamente yo, todos. Pasan los aviones y queda un silencio sepulcral y de pronto el grito desgarrador: ‘¡Ay, mamá!’. Ahí entras a mirar la realidad. Hasta el 29 de mayo, nos atacaban todos los días; entraban a atacarnos durante el día y por las noches bombardeaban”, recordó.
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