¿Estás sabiendo reconocer el momento de tu equipo… o estás intentando que funcione como antes?

Los equipos no son estructuras estáticas. Son sistemas vivos que evolucionan. Y muchas veces, lo que interpretamos como errores, desorden o falta de compromiso… es simplemente un momento que no estamos sabiendo leer.

Hay algo que vemos todo el tiempo en las organizaciones, en los equipos de trabajo y también en espacios más pequeños:
la tendencia a diagnosticar rápido… y mal.

“Este equipo no funciona.”
“Falta compromiso.”
“Hay conflictos.”
“No se ponen de acuerdo.”

Y entonces aparecen las soluciones urgentes: más control, más reuniones, más reglas, más presión.

Y sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar algo más básico:
no qué le pasa al equipo… sino en qué momento está.

Porque los equipos no son estructuras fijas.
No son algo que “se arma” y ya queda funcionando.

Un equipo es un sistema vivo.
Y como todo sistema vivo, se configura, se desconfigura y se vuelve a configurar en el tiempo.

En ese proceso, los equipos suelen atravesar distintos momentos:
un inicio donde todo se está definiendo,
una etapa donde aparecen tensiones y diferencias,
otra donde empiezan a construirse acuerdos más sólidos,
y, con el tiempo, momentos de mayor fluidez y efectividad.

No son pasos lineales ni prolijos.
Pero sí son momentos que todo equipo atraviesa.

Y entender en cuál está un equipo cambia completamente la manera de interpretarlo.

Una de las mayores trampas en el trabajo con equipos es confundir proceso con falla.

Cuando un equipo:

  • discute más de lo habitual,
  • no logra acuerdos claros,
  • cuestiona decisiones,
  • o parece moverse con cierta incomodidad…

rápidamente se lo interpreta como un mal funcionamiento.

Sin embargo, muchas veces, lo que está ocurriendo es otra cosa; el equipo está atravesando un momento de su desarrollo. Y ese momento —aunque incómodo— no es un error. Es parte del proceso.

Hay algo más que suele pasar desapercibido; los equipos cambian, incluso cuando parecen ser los mismos.

Cambia una persona.
Cambia un rol.
Cambia un objetivo.
Cambia el contexto.

Y con eso, el equipo vuelve a configurarse. Pero muchas veces se sigue esperando que funcione como antes. Como si nada hubiera cambiado. Como si el equipo pudiera “volver” a una versión anterior que ya no existe.

Cuando no entendemos que los equipos atraviesan momentos distintos, empiezan a aparecer decisiones que empeoran la situación:

  • Se exige rendimiento cuando el equipo todavía está construyendo acuerdos
  • Se evita el conflicto cuando en realidad es necesario atravesarlo
  • Se etiqueta a las personas en lugar de leer el sistema
  • Se interviene desde la urgencia y no desde la comprensión

Y entonces sí, lo que era un momento natural…se transforma en un problema real. La clave está en saber leer el momento:

Un equipo que recién se está conformando no necesita lo mismo que un equipo que ya tiene historia.

Un equipo en tensión no necesita silencio. Necesita conversación.

Un equipo desalineado no necesita más control. Necesita claridad.

Pero nada de eso puede verse si no se hace primero un movimiento: dejar de mirar solo los síntomas… y empezar a leer el proceso.

Antes de concluir que algo no funciona, tal vez valga detenerse y preguntarse:

¿Qué está necesitando este equipo en este momento… que todavía no estamos viendo?

Porque entender en qué momento está un equipo no solo cambia el diagnóstico.

Cambia completamente la manera de acompañarlo.

Los equipos no fallan tan seguido como creemos.
Lo que sí falla —y mucho— es nuestra forma de interpretarlos. Y cuando cambiamos la mirada, algo empieza a ordenarse. No porque el equipo cambie de un día para el otro,
sino porque empezamos, por fin, a verlo como lo que es: un proceso en movimiento.

Cecilia Inés Russo

Master Coach Ontológico Profesional

Directora AQUÍ&AHORA Coaching y Consultoría

 

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