**Por Cecilia Inés Russo
Si los equipos atraviesan distintos momentos, entonces el liderazgo no puede ser siempre el mismo. Insistir con una única forma de liderar —aunque haya funcionado antes— puede ser justamente lo que hoy esté frenando al equipo.
En el artículo anterior abrimos una distinción clave: los equipos no son estáticos, atraviesan distintos momentos. Y entender eso cambia la manera de mirarlos. Pero hay una consecuencia todavía más importante —y muchas veces ignorada—: si el equipo cambia, el liderazgo también tiene que cambiar. Sin embargo, lo que vemos con frecuencia es lo contrario.
Líderes que sostienen la misma forma de intervenir, que repiten dinámicas que alguna vez funcionaron, o que intentan ordenar al equipo desde un único registro…aunque el equipo ya esté en otro momento. Ahí es donde empieza el desajuste.

El error no siempre está en el equipo
Cuando un equipo no responde como esperamos, solemos poner el foco ahí:
en lo que falta,
en lo que no funciona,
en lo que “debería ser distinto”.
Pero pocas veces miramos otra posibilidad: que el liderazgo no esté siendo adecuado para el momento que el equipo está atravesando. No porque el líder no sepa, sino porque está leyendo la situación desde otro lugar.

Distintos momentos, distintas necesidades
Si retomamos los momentos que mencionamos antes, algo empieza a ordenarse:
🔹Cuando un equipo está empezando
Lo que necesita no es autonomía total.
Necesita dirección, claridad, encuadre.
🔹Cuando empiezan a aparecer tensiones
No necesita que el líder evite el conflicto.
Necesita que lo habilite y lo ordene.
🔹Cuando el equipo busca acuerdos
No alcanza con marcar el rumbo.
Hace falta facilitar conversaciones y construir sentido compartido.
🔹Cuando el equipo alcanza mayor madurez
El exceso de control empieza a sobrar.
Lo que aparece como necesidad es confianza y delegación real.

El liderazgo como lectura, no como receta
Uno de los mayores riesgos en el liderazgo es operar desde fórmulas:
“hay que delegar más”,
“hay que escuchar más”,
“hay que controlar más”.
Pero el punto no es qué “hay que hacer” en general.
El punto es otro:
¿Qué necesita este equipo, en este momento?
Porque una misma acción puede ser adecuada en una etapa…y completamente ineficaz —o incluso perjudicial— en otra.
Delegar demasiado pronto puede generar desorden. Controlar demasiado tarde puede generar desgaste. Y en ambos casos, el problema no es la herramienta. Es la lectura.

Sostener la incomodidad de liderar
Adaptar el liderazgo no es solo una cuestión técnica. Es, sobre todo, una cuestión personal. Implica soltar certezas. Dejar de hacer lo que “siempre funcionó”.
Tolerar momentos donde no hay respuestas claras. Animarse a intervenir distinto, aun sin garantías y eso incomoda. Pero es parte del rol.
Tal vez una de las preguntas más potentes que puede hacerse alguien que lidera no es:
“¿Qué está mal en el equipo?”
Sino:
¿Qué tipo de liderazgo está necesitando hoy este equipo… que todavía no estoy ofreciendo?
Ahí se produce un corrimiento. De la opinión… a la responsabilidad. De la queja… a la intervención.
No hay una única forma correcta de liderar. Hay formas más o menos adecuadas según el momento. Y cuanto más pueda un líder leer el proceso del equipo, más podrá ajustar su manera de acompañarlo. Porque liderar no es aplicar recetas.
Es desarrollar la capacidad de ver, entender… y responder a lo que está pasando.
Y eso —más que cualquier herramienta— es lo que marca la diferencia.

**Cecilia Inés Russo
Master Coach Ontológico Profesional
Directora Aquí&Ahora Coaching y Consultoría
