La industria textil argentina sumó un nuevo capítulo de crisis con la presentación en concurso preventivo de Fantome Group, una empresa radicada en Villa Devoto que supo ser un eslabón clave en la cadena de producción de marcas líderes como Reebok, Kappa, Kevingston y Cheeky. La firma, que en sus años de esplendor llegó a emplear a 120 personas, busca ahora reestructurar una deuda millonaria tras quedar reducida a su mínima expresión operativa, contando actualmente con apenas 20 trabajadores activos.
El desplome de la compañía se originó, según la documentación judicial, por lo que describieron como una “competencia diabólica” impulsada por la apertura de las importaciones. El punto de quiebre estructural comenzó en 2020 cuando Kevingston, su cliente más importante, decidió reemplazar la fabricación nacional por productos traídos directamente del exterior. Esta tendencia fue replicada posteriormente por otras etiquetas de renombre como Billabong, Mimo y Kosiuko, lo que vació de contenido los talleres de la firma porteña. Aunque Fantome logró sostenerse entre 2022 y 2025 gracias a un contrato con la licenciataria de Reebok y Kappa, la reciente cancelación de ese vínculo terminó por asfixiar sus ingresos.
La situación financiera de la textil es crítica y se refleja en los registros del Banco Central, donde acumula 33 cheques rechazados por un valor cercano a los 45 millones de pesos debido a una falta absoluta de liquidez. A este complejo panorama se sumaron dos embargos judiciales dictados el año pasado por más de 130 millones de pesos, montos que la empresa no pudo cubrir y que desembocaron en la cesación de pagos. Ante la Justicia, los dueños de Fantome señalaron que una pequeña empresa no puede soportar el incremento de tasas de interés, la presión tributaria y la competencia de actores que comercializan por debajo de sus costos para mantenerse en un mercado interno cada vez más retraído.
En un intento por sobrevivir, la firma buscó reconvertirse mediante el lanzamiento de una marca propia, la apertura de un local en Belgrano y una unidad de bordado que hoy representa su único ingreso genuino. Sin embargo, estos esfuerzos no alcanzaron para compensar el derrumbe del negocio mayorista. El caso de Fantome es el espejo de un sector donde, según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, ocho de cada diez empresas identifican la falta de demanda como su mayor problema y enfrentan dificultades extremas para sostener su operatoria ante la caída sostenida de las ventas.
