Pluriempleo en Argentina: 1,6 millones de personas tienen más de un trabajo
Cada vez más argentinos necesitan multiplicar sus fuentes de ingreso para sostener su economía familiar. Según datos del INDEC, más de 1,6 millones de personas tienen más de un trabajo en el país, en un contexto donde el pluriempleo se consolida como una tendencia estructural marcada por la pérdida del poder adquisitivo, la precarización laboral y la necesidad de llegar a fin de mes.

El mercado laboral argentino presenta una fisonomía marcada por la necesidad de multiplicar las fuentes de ingreso para sostener el nivel de vida. Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC correspondientes al cuarto trimestre de 2025, un total de 1.608.525 personas cuentan con más de una ocupación, lo que representa el 12,2% de la población ocupada.

Esta cifra consolida una tendencia ascendente que comenzó en 2016, cuando el indicador se ubicaba en el 8,8%, y que alcanzó su máximo histórico en 2024 con un 12,4%.

Las mujeres, principales protagonistas del fenómeno

La realidad de quienes atraviesan esta situación no es uniforme, pero tiene rasgos predominantes. Las mujeres son las principales protagonistas de este fenómeno, representando el 56,6% del total de pluriempleados. La propensión femenina a tener varios empleos es notablemente mayor que la de los varones: mientras que el 15,5% de las mujeres ocupadas tiene más de un trabajo, entre los hombres esa tasa desciende al 9,5%. En gran medida, esto se explica por la inserción en sectores como el servicio doméstico, una actividad altamente feminizada que constituye la ocupación más frecuente entre quienes tienen múltiples empleos, con un 13% del total.

El perfil del trabajador pluriempleado en Argentina rompe con el mito de que se trata de jóvenes en sus primeras experiencias laborales. Por el contrario, el 85% de estas personas tienen entre 30 y 65 años, una etapa de plena inserción y mayores responsabilidades económicas. De hecho, el 63% de los pluriempleados son jefes o jefas de hogar, lo que evidencia que la multiplicación de tareas no es una opción complementaria, sino una estrategia central de sostenimiento familiar.

En cuanto a la estructura de estos empleos, el 83% de los afectados combina dos trabajos, mientras que un 10,5% llega a tener tres y un marginal 3% sostiene cinco o más ocupaciones. Las actividades se distribuyen de manera heterogénea: después del servicio doméstico, el bloque más relevante es el de tareas administrativas y contables (18,6%), seguido por las ventas y el comercio (9,6%) y las ocupaciones profesionales en áreas como salud y educación (10,2%).

Concentración en GBA

Geográficamente, el fenómeno tiene un epicentro claro. El Gran Buenos Aires concentra el 54,8% de los casos de pluriempleo en el país, seguido por la región Pampeana con un 23,5%. Por el contrario, las regiones con menor incidencia son el Noreste (3,0%) y la Patagonia (2,3%).

El análisis de los ingresos revela una dinámica dual. Por un lado, el pluriempleo funciona como una estrategia de subsistencia en los sectores más vulnerables, concentrándose un 22,9% de los trabajadores en el segundo decil de menores ingresos. Por otro lado, también se observa una fuerte presencia en el decil más alto (19,4%), lo que sugiere una intensificación del trabajo en sectores calificados para mantener niveles de consumo.

En términos monetarios, el ingreso promedio de un trabajador con más de un empleo es de 656.372 pesos, superando en un 13,1% a quienes tienen una sola ocupación, cuyo promedio es de 580.232 pesos. Sin embargo, esta diferencia se explica meramente por la acumulación de horas y no por una mejora cualitativa de las condiciones laborales. Un dato que subraya esta fragilidad es que uno de cada tres pluriempleados no cuenta con aportes jubilatorios, lo que refleja que la cantidad de empleos no garantiza necesariamente el acceso a la protección social.

El crecimiento sostenido del pluriempleo en la última década indica que la estabilidad de un único ingreso ha dejado de ser la norma para una parte significativa de la sociedad. Este fenómeno deja de ser marginal para convertirse en un rasgo estructural de un mundo del trabajo donde la erosión de los ingresos impulsa a 1,6 millones de argentinos a una jornada extendida y fragmentada para cubrir sus necesidades básicas.

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