Femicidio de Agostina Vega: la autopsia indica que intentó defenderse de al menos dos personas
Tras la detención de Osvaldo Fassetta, uno de los inquilinos que residía en la vivienda del principal acusado, Claudio Barrelier, se conocieron nuevos detalles de la autopsia del cuerpo de la adolescente de 14 años.

El informe preliminar de la autopsia a los restos de Agostina Vega reveló que, a pesar del estado en que se encontraban una semana después del femicidio, se logró recuperar dos rastros hemáticos distintos debajo de sus uñas. El hallazgo de este material confirma que la menor intentó defenderse de un ataque en el que habrían intervenido al menos dos personas.

Este dato fue clave para que el fiscal Raúl Garzón dispusiera la captura de Osvaldo Fassetta, uno de los inquilinos que residía en la vivienda del principal acusado, Claudio Barrelier. Tras detectar severas contradicciones e inconsistencias en las tres declaraciones testimoniales que brindó, así como en las sucesivas entrevistas que otorgó a diferentes medios de televisión en su intento por justificar sus movimientos, el hombre fue capturado por la policía.

Para los investigadores, el sospechoso desplegó una serie de maniobras destinadas a desviar la atención y entorpecer la búsqueda que encabezaba la madre de la menor.

El elemento científico que resultó determinante para que la Justicia pusiera la lupa sobre el entorno del presunto femicida fue el informe preliminar de la autopsia. El estudio indica que bajo las uñas de las adolescente había rastros hemáticos diferentes.

Si el cotejo de ADN demuestra que uno de esos perfiles genéticos pertenece a Fassetta, la Justicia de Córdoba cambiará la calificación legal a la de partícipe necesario del femicidio. Este encuadre técnico podría acarrearle una pena idéntica o similar a la que recibiría Barrelier en calidad de autor material del homicidio agravado por violencia de género.

Maniobra de distracción

Fassetta alquilaba una habitación en la vivienda de Barrelier, ubicada en el barrio Cofico de la capital cordobesa. El hombre residió allí durante 25 días, pero abandonó el inmueble de forma imprevista y sin mediar palabra el domingo 24 de mayo, cuando la desaparición de la menor ya había cobrado estado público.

De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, Fassetta pretendió instalar la coartada de que vio a Barrelier a las 21:00 del sábado 23 de mayo, horas antes de que el propietario recibiera a la víctima en la finca, donde presuntamente abusó de ella y la asesinó. El inquilino declaró que terminó su jornada laboral a las 5:00 de la madrugada del domingo y que se dirigió junto a dos amigos a la casa de Melisa Heredia, la madre de Agostina, quien ya alertaba a su círculo sobre la ausencia de la adolescente.

Para ese momento, la madre ya se había comunicado con Barrelier, quien en un primer término negó haber tomado contacto con la joven. Sin embargo, a las 5:00 de la mañana, un remisero describió con precisión al acusado como la persona que recibió a la menor en la vivienda de barrio Cofico.

Ante este dato genérico que comprometía a su locador, Fassetta habría iniciado sus maniobras de desvío: acompañó a la madre a buscar a la menor por el barrio Juan Pablo II y a las 8:30 acudió con ella a radicar la denuncia por la desaparición en una dependencia policial, tras lo cual se retiró a su habitación.

Rastros de sangre ocultos en la vivienda

A las 12:00 del mediodía de ese mismo domingo, Fassetta reconoció haber compartido una cerveza en su cuarto con Matías, otro de los inquilinos de la propiedad. En sus declaraciones, el sospechoso mencionó que el único cambio llamativo que observó en la vivienda fue que alguien había reemplazado su colcha oscura por una de “color crema”.

El avance de los peritajes de la Policía de Córdoba echó por tierra la aparente normalidad del relato: los técnicos forenses hallaron un rastro hemático oculto en una frazada del cuarto de Fassetta, comprobándose además que la tela había sido lavada con agua oxigenada para intentar borrar la evidencia. Con estos indicios, la Fiscalía evalúa si el imputado estuvo presente en la escena donde Barrelier descuartizó el cuerpo de la menor.

Aun si no se lograra comprobar su presencia física al momento del desmembramiento, la Justicia computa en su contra el sistemático entorpecimiento de la investigación, ya que incluso intentó convencer a la madre de la víctima de que no estableciera contacto con el padre de la menor.

La propiedad del barrio Cofico donde se perpetró el crimen pertenecía originalmente a la madre de la actual pareja de Barrelier, una mujer fallecida hace algunos años que había consentido el inicio de la relación entre ambos cuando su hija tenía entre 15 y 16 años. En el inmueble residían tres inquilinos: Fassetta, Matías y una joven llamada Ludmila. Al regresar al mediodía del domingo del crimen, Fassetta adujo que la casa estaba desierta y que no pudo localizar a nadie en el predio, un argumento que la Justicia cordobesa considera inverosímil en el marco de la causa que estremece a la provincia.

Compartir